El regalo.

Siri, necesito urgentemente encontrar un regalo para mi, para subirme la moral después de esta semana de trabajo, de esta vida de estrés y rutina diaria.

Algo que me haga sentir bien cuando lo estrene.

Que me quite ańos y me aporte frescura.

Algo práctico pero elegante, que todo el mundo me mire deseando haberlo recibido.

Quiero un regalo único, distinto a lo que llevo a diario, a lo que se pone la gente.

Y sentirme querida, deseada y admirada a partes iguales cuando lo lleve.

Dejar de sentir ese vacío tras las compras, esa sensación de empacho instantáneo para después caer en la culpa sin remedio.

Un regalo que me acompańe cada día, del que nunca me canse.

Que sea difícil de encontrar y, a la vez, asequible en su precio.

O, mejor, que no tenga precio.

Eso, ¡quiero el mejor regalo que exista! ¿Dónde puedo encontrarlo?

……. ……. ……. ……. (procesando)

“Aquí tienes tu regalo”:

Y Siri se apagó, junto con el móvil al completo.

Miró hacia arriba. Fue un extrańo movimiento de cuello que hacía tiempo no realizaba, junto con un abrir de ojos y respirar aquel aire de primavera, sintiendo cómo entraba en sus pulmones mientras el sol le calentaba la cara.

Y, entonces, REspiró lentamente, con GAnas, deseando que ese instante durase para siempre y LO conservó en su interior para revivirlo las veces que quisiera, las que necesitara, tener el mejor Regalo del mundo.

© Jugadora1.

schöner Garten

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Erre que erre.

Nunca he sabido pRonunciaR bien la eRRe.

Desde muy pequeña, al apRendeRla, no la debí incoRpoRaR coRRectamente a mi vocabulaRio: no quedó bien pRendida en mi oído y mi boca no supo cómo haceRla vibRaR como una auténtica eRRe.

PoRque mi eRRe, en aquellas palabRAs que la llevan casi disimulada en la mitad del camino, entRe letRa y letRa, suena como una “P” estoRnudada o una “GRRR” fatigada, gastada, sin gRacia ni saleRo.

Es entonces cuando, aunque esté ahí medio escondida, Todo el mundo la peRcibe claRamente: si, la eRRe que no es eRRe.

Y, de pequeña, eso llevaba unida inevitablemente la mofa y la buRla constante: “a ver, ¡di Sara!.. ¡di perro!..”

Que no, que solo me pasa cuando va en medio de una palabRa: junto a “p”, una “g” o “b”.

Para que os enteRéis bien: no me cuestan los Retos, me encanta Reirme tanto como a vosotRos y disfRuto mucho el hecho de seR difeRente. Así, claRa y Rotunda.

Pero ellos paRecían más soRdos que mi eRRe y ahí seguían, con sus bRomas al Respecto y sin Respeto. Había momentos en los que, diRectamente y sin pReguntaR, me adjudicaban otRa nacionalidad: “oye, hablas RaRo.. tú eRes FRancesa, ¿veRdad?”. Pues miRa, sí, qué te paRece. Fin del tema.

PeRo cieRto es que, pasada la infancia, mi eRRe-no-eRRe dejó de estaR pResente a oídos de los demás y casi se volvió invisible incluso paRa mi. Si lo pensaban poR dentRo, nadie me decía nada y yo, poR mi paRte, hasta empecé a estaR oRgullosa de lo que podía paReceR a pRioRi un defecto:

Me di cuenta de que, si no pRonuncias con Rotundidad y en voz alta una palabRa, quizás nunca llega a foRmaR paRte de tus pensamientos más RecuRRentes.

De esa forma, eliminé tanto pRetensiones como pReocupaciones, futuros tRaumas o apRensiones.

Y es que, si no puedes pRonunciar bien los pRoblemas, dejarán de seRlo, peRdeRán toda su gRavedad. No habRá eRRoRes ni pResión por queReR haceRlo peRfecto, solo quedaRán soluciones por buscaR y haceR Realidad.

La única palabRa con eRRe en medio que pRonuncio más que bien es, cuRiosamente, la única que muchos olvidan pRonunciaR a diaRio: GRACIAS.

Si, mi eRRe-no-eRRe no me dio más que ventajas y me dejó mi educación y mis valoRes intactos. SeRá que eso nunca se pieRde. El Respeto, hables como hables, siempRe poR delante.

Yo, mientRas tanto, seguiRé siendo así de gRaciosa, para algunos; FRancesa, para otRos o, definitivamente, RaRa en mi foRma de hablaR.

PeRo da igual.

Se bien donde Reside Realmente la veRdadeRa fueRza y coRaje de una peRsona: en su coRazón.

En seR lo que eRes pRonuncies cómo pRonuncies y tengas la eRRe que tengas o quieRas teneR.

Y seguiR siendo tú mism@, siempRe, eRRe que eRRe.

© Jugadora1.

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