¡Feliz, Feliz NaViraL!

Dentro de poco comienza la NaViraL y, con ella, sacamos el tablero para volver a jugar un juego cuyas reglas conocemos bien: llegan las comidas y cenas en familia, felicitaciones, anuncios, brindis, compras..

A mi, personalmente, me gustan estas fechas porque creo que, a pesar de la campaña de publicidad perfectamente orquestada a favor del consumismo, las luces y la música que la acompañan animan la llegada del invierno y los primeros fríos de Diciembre.

Pero no deja de ser el mayor Fenómeno Vira consensuado por todos que nos obliga, en mayor o menor medida, a bailar juntos al mismo son: el del dinero.

Y así, sin apenas darnos cuenta, acabamos corriendo por pasillos de centros comerciales en busca del regalo perfecto, creyéndonos Reyes Magos mientras actuamos como ovejas del rebaño de los pastorcillos. 

Y comemos los mismos días a la misma hora casi las mismas cosas, nos felicitamos utilizando las mismas frases establecidas para cada ocasión, escuchamos los villancicos de siempre y sacamos el mismo surtido de postres navideños en el que casi nadie repara antes del final de fiesta.

Nos dejamos invadir por una falsa sensación de alegría, gozo, derroche y comunidad a través del móvil y la televisión y nos convertimos, año tras año, en aquellos músicos que tocan en playback la misma partitura bajo la batuta del Dineroctor de nuestra vida.

Y, claramente, poco importan las variantes que podamos introducir: no importa si tomamos aceitunas en vez de uvas, pavo o langostinos, champán, sidra o cava, Papá Noel, Reyes Magos o ambos, etc. 

No importa porque, al final, todos hacemos las mismas cosas y seguimos las mismas reglas en este juego anual.

Como aquellos otros virales que, en forma de retos, nos convierten en marionetas capaces de hacer, bajo algún pretexto que consiga convertirlos en el viral de moda, cualquier cosa que se vea en Internet. Y nos sacan la carta de “tienes que echarse un cubo de agua por la cabeza”, o la de “Reúne un grupo de gente y juega a las estatuas mientras lo grabas”, ahora toca “Perseguir Pokémons por la ciudad”  y mañana “Hacer un Flashmob en la plaza central”, etc.

Por eso, esta NaViraL, yo seguiré otras nuevas reglas, las mías, para celebrar lo que significan para mi estas fechas: estar con mi familia y las personas que quiero, decorar mi casa para darle color a estos días de invierno, pasear por calles doblemente iluminadas y felicitar, desde el corazón, a aquellas personas que me importan, a mi manera, sin utilizar Felices NaViraLes.

Es motivo de felicidad pasar un año más juntos y que haya habido un día en que nuestras vidas se cruzaron, aunque sea a través de este blog y esta entrada, os deseo a todos que paséis un feliz día con vuestra familia y con esas maravillosas felices reglas que cada uno invente para este navideño juego.

Feliz, feliz NaViral.

© Jugadora1

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Menos 20 puntos por Detallista.

 Existe una maldición que se podría llamar “La maldición de los detallistas”. Los detallistas, si naces con el personaje como parte de ti, son esas personas que disfrutan con los detalles y, especialmente, teniéndolos hacia los demás.

Da igual si el mundo en el que vivimos no parece valorar esta cualidad por encima del atractivo descaro, la belleza corpórea o el carisma apabullante de los extrovertidos. Da igual porque los detallistas nunca, nunca, nunca, aprenden. Aprendemos.

Se atienen a aquello, también cierto, de que lo importante es dar sin esperar nada a cambio, por el mero placer de dar. Y es verdad, nos gusta dar.

Pero todos, sin excepción, han experimentado ese regusto amargo cuando regalas algo, llamas para preguntar por alguien, envías un wasap o mandas una tarjeta, una sorpresa y tú.. Poco.. o…Nada. Gracias, muchísimas gracias, me hace mucha ilusión, eres maravilloso/a.

Pero llega tu cumpleaños y esa amiga a la que mandaste flores ni te felicitó o se acordó dos semanas más tarde; o ese amigo al que mandaste un Christmas, que ignora completamente que pasaste algunos días mirando el buzón por si encontrabas uno de vuelta.. Sin éxito.

Porque todo el mundo tiene muchas cosas que hacer, y no fue por maldad ni por egoismo siquiera, fue una mezcla de olvido y de entrar en la Rueda. Esa Rueda de la rutina diaria que se come nuestro tiempo y, con él, nuestras mejores intenciones.

Ellos se recuerdan que tienen que contestarte, que felicitarte, que darte las gracias.. Y tú te prometes que no serás tan pardillo la próxima vez.

Pero pasa el tiempo y te apetece. Se te olvidan los sinsabores y recobras la ilusión por la sorpresa, el lazo, la tarjeta, la cara que pondrá al verlo.. el detalle.

Y el engranaje de la maldición se pone en marcha y retoma su camino de ida y vuelta. Menos 20 puntos por detallista. Elige otra carta.
© Jugadora1.

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