El regalo.

Siri, necesito urgentemente encontrar un regalo para mi, para subirme la moral después de esta semana de trabajo, de esta vida de estrés y rutina diaria.

Algo que me haga sentir bien cuando lo estrene.

Que me quite ańos y me aporte frescura.

Algo práctico pero elegante, que todo el mundo me mire deseando haberlo recibido.

Quiero un regalo único, distinto a lo que llevo a diario, a lo que se pone la gente.

Y sentirme querida, deseada y admirada a partes iguales cuando lo lleve.

Dejar de sentir ese vacío tras las compras, esa sensación de empacho instantáneo para después caer en la culpa sin remedio.

Un regalo que me acompańe cada día, del que nunca me canse.

Que sea difícil de encontrar y, a la vez, asequible en su precio.

O, mejor, que no tenga precio.

Eso, ¡quiero el mejor regalo que exista! ¿Dónde puedo encontrarlo?

……. ……. ……. ……. (procesando)

“Aquí tienes tu regalo”:

Y Siri se apagó, junto con el móvil al completo.

Miró hacia arriba. Fue un extrańo movimiento de cuello que hacía tiempo no realizaba, junto con un abrir de ojos y respirar aquel aire de primavera, sintiendo cómo entraba en sus pulmones mientras el sol le calentaba la cara.

Y, entonces, REspiró lentamente, con GAnas, deseando que ese instante durase para siempre y LO conservó en su interior para revivirlo las veces que quisiera, las que necesitara, tener el mejor Regalo del mundo.

© Jugadora1.

schöner Garten

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A contratiempo.

Tiempo de mirar, de buscar la llamada, la alarma, la seńal de tu llegada.

Tiempo de agachar la cabeza, mirar de soslayo mientras busco, leo, escribo y pienso en lo que estás tardando en llegar.

Tiempo de no pensar en nada concreto y pensar en todo lo que ves sin asimilar nada.

Tiempo de rapidez, de notificaciones unas sobre otras, de no terminar de escribir una cosa y estar leyendo otra que acaba de llegar.

Tiempo de no ver más allá de lo que quieren que veamos, de teclear sin pensar, de borrar poco y enviar mucho sin casi discriminación.

Tiempo de vestir nuestras mejores galas pase lo que pase, de no sentir más allá de lo permitido, del barniz y el filtro brillante.

Tiempo de mostrar cada paso, de callar lo auténtico y adorar lo superficial.

Tiempo de no tener tiempo para nada y perder tiempo en todo menos en dedicar tu tiempo a tu vida real.

Tiempo de ir en contra, de hablar más y chatear menos. Tiempo de mirarse, tocarse, escucharse y volverse a ver.

Tiempo de esperar un tiempo y entrar justo después, ya empezado el juego, para coger la baraja de tus días, para pensar la mejor jugada con calma, ajeno a la urgencia, atendiendo a lo importante.

Tiempo de recuperar tu tiempo, de respirar y darle valor a cada paso. De vivir tu vida activando el resto de sentidos, agazapados e inutilizados tras la reina vista y el rey oído.

Tiempo de vivir, de reir, sentir.. de ir, siempre, a contratiempo.

© Jugadora1.


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NavidOńo.

En los últimos ańos, ha surgido una nueva estación: despacito y casi sin hacer ruido nos encontramos con que, a menos de un mes de haber comenzado el Otońo, ha llegado el NavidOńo: la llegada de la Navidad en pleno Otońo.

Todo comenzó con los grandes supermercados. Hartos de almacenar kilos y kilos de turrones, roscos de vino y bandejas de mazapanes y mantecados tras las navidades, decidieron que no nos daban suficiente tiempo para consumirlos.

Que al final, con la nochebuena que se nos echa prácticamente encima, bastante teníamos con comprar para las cenas y comidas, relegando el postre a una triste bandeja surtida que daba pereza con solo mirarla.

Entonces, digo yo, pensaron en hacernos un favor. En ayudarnos a no acumular turrones duros en el armario de un ańo para otro y no decepcionarnos mucho si nadie mete mano a esa caja surtida que compramos para Ańo Nuevo.

Intentaron, primero, crear el NaVirano en pleno Julio, vendiéndonos cupones de lotería navideńa hasta en el chiringuito. Pero eran muchos los placeres veraniegos le hacían una clara competencia sin rival a las almendras rellenas y el panetone.

Lo vuelven a intentar, a cada PrimaVerno, en los grandes almacenes: cuando entras con tu abrigo y bufanda y solo ves blusas o vestidos de casi Verano junto a carteles que te aseguran que ya estamos en Primavera. Pero no nos engańaron y ni siquiera el cambio climático, a su favor, ha podido sincronizarse con ellos.

Y ahora, lo siguen intentando cada NavidOńo. Aprovechando los anuncios de viajes a EuroDisney (con la frase estelar “estas navidades..”), y nuestra debilidad mental tras haber superado los primeros ResPrisados de Septiembre y empezar, nuevamente, a sucumbir a la falta de luz y el tiempo fresco y lluvioso.

Esa sensación de manta-sofá-leche caliente que nos acompańa desde mediados de Octubre es su arma favorita para avasallarnos con la precuela de la Navidad. Sin preguntarnos si queremos jugar a este juego consumista antes de tiempo. Así, sin más.

A los que nos gustan las Navidades, nos quitan el placer de disfrutar de todo lo bueno de las fiestas cuando llegan: ¿O acaso saben igual los mantecados cuando llevamos dos meses comiéndolos?, ¿hace especial ilusión el turrón de chocolate si lo puedes comprar en Octubre?.  Para los que no les gustan, esta debe ser una nueva forma de tortura psicológica, anticipándoles en Octubre su particular pesadilla de cada ańo.

El Otońo, con su ambiente fresco, sus colores y sus placeres, queda relegado a su segundo plano para dejar paso a la estación más consumista y apabullante del ańo. Y mezclamos castańas con polvorones, setas con mazapanes y lotería de Navidad con disfraces de Halloween.

Todo junto, todo casi seguido. Síntoma de una sociedad cada vez más impaciente, que lo quiere todo Ya, sin colas ni esperas, Now, directo a casa, al móvil, a la tablet.

Yo, sin embargo, me niego a sentir como normal este NavidOńo impuesto. No dejemos que su prisa por vender nos quite nuestro mayor placer, que es disfrutar de cada momento cuando tenga que llegar.

Así, cuando lleguen las esperadas Navidades podrán ser eso, esperadas, y disfrutadas como debe ser, en pleno Invierno… ¿O eran en PrimaVerno?

© Jugadora1.

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Resprisado.

He cogido un ResPrisado. Sí, el virus de la Prisa me ha vuelto a pillar desprevenida y confiada tras las vacaciones y me ha atacado nada más llegar Septiembre.

Y eso que este verano, nuevamente, me había creído inmune. Estar allí, acumulando horas de sol, playa y descanso consentido me habían hecho creer, erróneamente, que esta vez sería diferente, que no notaría apenas los síntomas.

Pero sí que los he sentido, vaya que sí.

Todo empezó con un leve hormigueo al volver a la calle del mercado para llenar el frigorífico de vuelta. En ese momento, aún, no notaba la prisa por ser atendida rápidamente, el virus de la inmediatez no había hecho acto de presencia y hasta me sentía fluir como entre las aún presentes olas entre empujones y gente intentando colarse.

Más tarde, cuando empecé a trabajar, los primeros días podía recordar fácilmente la Brisa del paseo marítimo con solo bajar la ventanilla del coche y poner música suave. Dos atascos más tarde, no escuchaba apenas nada, solo quería llegar Ya. El virus de la Prisa amenazaba con quedarse en el lugar donde había estado la B durante el último mes.

Pero el momento en que noté todos los síntomas definitivamente fue con el primer madrugón.

A pesar de haber acumulado tantos y tantos puntos extra de Paciencia y Sabiduría en Agosto con aquellos atardeceres junto al mar, relajantes paseos, buenas comidas y baños infinitos en el tiempo, notaba cómo iban bajando mis defensas a cada gesto: apagar la alarma, menos 5; esperar al autobús, menos 10; el primer vistazo a la agenda hasta final de año, menos 20.

Todos nos hemos ido contagiando casi sin querer este Resprisado y ahora, de forma casi inconsciente, ya llevamos el virus dentro. Con él, llegan las ganas por terminar, por entregar, llamar antes que nadie, ser los primeros en, prepararlo todo antes de..

Y eso que, los primeros días, pensé que se trataba de una pequeña reacción a la que yo creía que era mi vacuna definitiva: mis vacaciones. Que duraría solo unos días y pronto volvería a sentirme más segura, sabia y relajada.

Me imaginaba a mí misma portada y ejemplo de todo artículo de consejos para afrontar Septiembre con buena cara.

Fluiría por la vuelta a la rutina sin perder la serenidad y alegría, haciendo cada día lo que me gusta, feliz por reencontrarme con mi vida, con ganas de empezar colecciones de barcos, cuencos tibetanos, carros de combate en miniatura y libros sobre filosofía, aprender cocina, baile, a tocar un instrumento y volver al gimnasio.

Pero no. El mismo desayuno que tomaba en la playa, no sabe igual en mi cocina a punto de comenzar la jornada. La ropa que parecía feliz con la humedad, se resiste aquí a ser planchada y los hits del verano no quieren sonar en la radio del trayecto de vuelta a casa y, en su lugar, solo se oyen voces hablando de la vuelta al cole.

Es innegable. Estamos contagiados.

Estamos todos Resprisados en Septiembre y nadie ha encontrado, en sus vacaciones, una vacuna definitiva.

Conozco, no obstante, una forma de llevarlo bien: mantener la R. Si la B de la Brisa se va, aún nos queda la Risa para Relajarnos y Relativizar todo lo que nos preocupa. Si la P de la Prisa nos come tiempo y energías podemos Respirar profundamente, Recordar las muchas Razones que tenemos para ser felices y Recobrar así la energía e ilusión.

Que llegarán. Siempre lo hacen. Aunque para ello haya que pasar los primeros días de Septiembre un poco agobiado, un poco Resprisado.

© Jugadora1.

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