El regalo.

Siri, necesito urgentemente encontrar un regalo para mi, para subirme la moral después de esta semana de trabajo, de esta vida de estrés y rutina diaria.

Algo que me haga sentir bien cuando lo estrene.

Que me quite ańos y me aporte frescura.

Algo práctico pero elegante, que todo el mundo me mire deseando haberlo recibido.

Quiero un regalo único, distinto a lo que llevo a diario, a lo que se pone la gente.

Y sentirme querida, deseada y admirada a partes iguales cuando lo lleve.

Dejar de sentir ese vacío tras las compras, esa sensación de empacho instantáneo para después caer en la culpa sin remedio.

Un regalo que me acompańe cada día, del que nunca me canse.

Que sea difícil de encontrar y, a la vez, asequible en su precio.

O, mejor, que no tenga precio.

Eso, ¡quiero el mejor regalo que exista! ¿Dónde puedo encontrarlo?

……. ……. ……. ……. (procesando)

“Aquí tienes tu regalo”:

Y Siri se apagó, junto con el móvil al completo.

Miró hacia arriba. Fue un extrańo movimiento de cuello que hacía tiempo no realizaba, junto con un abrir de ojos y respirar aquel aire de primavera, sintiendo cómo entraba en sus pulmones mientras el sol le calentaba la cara.

Y, entonces, REspiró lentamente, con GAnas, deseando que ese instante durase para siempre y LO conservó en su interior para revivirlo las veces que quisiera, las que necesitara, tener el mejor Regalo del mundo.

© Jugadora1.

schöner Garten

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ClueDormida.

La otra noche, en mi casa, se cometió un crimen. Por la mañana, al despertar, no encontré por ninguna parte las ganas de levantarme. Me sentía agotada y una poderosa sensación de incapacidad y melancolía me dominaba.

No quedaba ninguna duda: habían asesinado mi autoestima y, con ella, mi energía y positividad.

¿Qué había podido pasar?. No lo sabía, pero estaba dispuesta a buscar pista a pista y rincón a rincón hasta desenmascarar al culpable de aquel crimen.

Intenté recordar, mientras me levantaba, lo que había hecho el día anterior: trabajo, compras, cocinar.. a simple vista,  parecía un día normal.

Algo se me escapaba. Recorrí despacio el pasillo y llegué a la cocina en busca de alguna pista. Allí encontré mi primer sospechoso y el arma homicida: una carta del Banco. Un recordatorio del pago de un impuesto. Era sangrante. Y se ańadía a otras cantidades mensuales ineludibles, pero no me pareció un único móvil para un asesinato.

Seguí arrastrándome por el resto de habitaciones, obviando las seńales de mi cuerpo que me pedían desaparecer del mundo en la oscuridad y seguridad de mi cama.

Llegué hasta el despacho y, encima de la mesa, hallé una carpeta abultada con mucho trabajo acumulado dentro.

Recordé la frenética semana de entregas y pedidos, sin duda debí haberla traído el día anterior. El sospechoso estaba claro, el arma lo tenía delante mio y, sin embargo, algo no cuadraba. Ya había tenido que trabajar mucho otros fines de semana antes y no había supuesto mayor problema para mi.

Así que me dirigí al salón y, justamente al entrar, recordé una discusión por teléfono poco antes de dormir: un malentendido en un chat había dado lugar a una cadena de reproches sin sentido que parecían no tener fin en aquel laberinto de emoticonos y dobles azules. Tenía un sospechoso y un arma, pero seguía sin parecer lo suficientemente desarmante como para dejarme en este estado.

No lo entendía. Me senté a recopilar todas las pistas que había acumulado: la carta en la cocina, los papeles del despacho, el móvil del salón.. y, en ese momento, escuché una voz que me resultaba familiar.

Sonaba desagradable y repetía todo el tiempo las mismas frases: “no sirves para nada”, “eres un desastre”, “no te va a dar tiempo”, “mírate, mejor te vuelves a la cama”, “no le importas a nadie”, etc.

Parecía no tener fin, repitiendo una y otra vez los mismos reproches en bucle. ¿De dónde venía aquella voz? Fuera quien fuera estaba claro que había encontrado a mi asesino.

Lo busqué en la habitación, volví a la cocina, subí al trastero y me asomé en vano a la terraza. No parecía haber nadie más que yo en casa.

Y entonces me di cuenta. La escuché junto a mi oreja, noté cómo calaba hondo en mi corazón e iba invadiendo todo mi cuerpo: aquella voz estaba dentro de mi, de mis pensamientos. Yo era la sospechosa e involuntaria culpable de todo lo ocurrido.

Pero no, no iba a dejar que aquella voz me dominara y, mucho menos, que me anulara bajo esa cálida trampa entre las mantas.

Me di una ducha, desayuné y bajé al banco a arreglar mis cuentas. Al subir, abrí aquella amenazadora carpeta y me puse a ello. Sin excusas. Trabajo y más trabajo. Hasta terminarlo.

Después, llamé por teléfono y, sin emoticonos ni corazas, deshice la madeja del malentendido. Tras tanto nudo deshecho, volvimos a vernos con el corazón.

Aquella voz, de vez en cuando, seguía hablándome, intentando boicotearme. Pero cuanto más me movía, más lejos parecía estar.

Y supe que nunca más volvería a cometer otro de sus crímenes. Porque había abierto los ojos y vivía activa y despierta .

Ya nunca más volvería a estar ClueDormida.

© Jugadora1.

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QuejaBú

Ayer me hablaron de un nuevo juego: el QuejaBú.

Es como el Tabú, me dijo, ese juego en el que tienes que describir o explicar una palabra al otro sin nombrarla y sin decir otras palabras relacionadas con ella.

Como el Tabú, pero Sin Quejas. Si, si, tienes que contar cómo ha transcurrido tu día sin poder expresar queja alguna. Las palabras prohibidas son muchas: no, imposible, mal, muy mal, fatal, vaya tela, de pena, una lástima, pésimo, etc.

Un juego muy difícil, pienso yo. Es el Tabú de los que están a otro nivel. El cinturón negro del Tabú.

Tú puedes, me comentó mi amigo, pruébalo y verás que es cuestión de practicar todos los días un poco. Enseñar a tu mente a ver los días de otra manera.

Imposible, pensé yo: el día está lleno de oportunidades para quejarse. El trabajo, la casa, las colas para cualquier cosa y los que se cuelan, los atascos, la falta de (dinero, sueño, tiempo..) y el exceso de (trabajo, fingir que estoy bien, sueño..), y así absolutamente todos los días.

Lo más difícil, me dijo, no será dejar de quejarse durante 24 horas al hablar: uno puede engañar cambiando el término (no está del todo mal, podría ser posible, ha ido relativamente bien..) y forzando, al mismo tiempo, un gesto de falsa tranquilidad e incluso una sonrisa bien ensayada.

No. Lo más complicado será no engañarte a ti mismo. Sin fingir. Domar la queja-resorte en nuestro discurso, pintar de colores el gris de nuestro malestar, e intentar viajar por nuestros pensamientos sin perder de vista nuestro objetivo, dándoles la vuelta sujetando el timón y abriendo bien los ojos a las tormentas de quejas que sobrevuelan nuestro viaje diario.

Imposible. No puedo tío. Además, no tengo tiempo, llego tarde al trabajo y hace un día horrible. Apenas he dormido y he desayunado poco y mal. Quizás mañana será un buen día para intentarlo, si, mañana mejor.

¿He dicho mañana?. No, mañana tengo mucho trabajo. Mejor quedamos el finde, y me enseñas cómo va esto de vivir sin quejas.

O mejor, tú déjame aquí el QuejaBú y ya iré intentándolo yo por mi cuenta algún día. Podría ser posible, si me dejas probarlo a mi aire, que se me diera relativamente bien en poco tiempo, ¿no crees?

© Jugadora1.

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