La maldición del cinco.

Me gusta quedarme en casa. Se siente bien, es un refugio, un momento de calma en el que las caretas y los disfraces quedan guardados en los armarios y uno anda ensayando, aguardando o temiendo el siguiente paso, la siguiente casilla.

A veces, por más que uno quiera, no se consigue un cinco. Y nos quedamos anclados en esa espera, tirando los dados y confiando en que el azar nos libere de la rutina, la soledad o un desengaño.

Y vemos pasar la vida. La gente recorre sus casillas, se comen a besos o les engulle algún vaiven personal o profesional que les hace retroceder. Pero siguen tirando y siguen avanzando. Porque esa es la vida.

Un dos. Mañana volveré a intentarlo. Un cuatro. Estoy acercándome, presiento que ya falta poco para que me toque. Un ocho. Vaya, igual alguien venga y me preste un cinco.

Esconderse detrás del cinco no lleva a nada. Puedes quejarte de tu mala suerte, tus torpes dados, sentir que el cubilete en el que te mueves es demasiado estrecho, que pesa demasiado, que no tienes margen para maniobrar para sacar dos seises de golpe y avanzar más rápido.

Pero no valen las excusas. Se siente bien en casa, en mi refugio, pero voy a pasar de los dados, me comeré mi miedo a lo desconocido y contaré hasta veinte.

Porque no, no necesito ese cinco para contruir la vida que quiero.

© Jugadora1.

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Y tiro porque me toca.

Todo el mundo sabe o aprende pronto a jugar al juego de la Oca.

Sí, ese en el que sabes distinguir a las elegantes Ocas de patosos o los que gustan de hacer el ganso.

Y, cuando las ves venir, sabes que, si consigues acercarte mucho, tarde o temprano, eso te hará dar el salto a otra Oca mejor, más avanzada y, por supuesto, volverás a tirar los dados porque te toca.

Consiguiendo conocer o arrimarse bien a determinadas Ocas, puedes ir saltándote fácilmente todo tipo de casillas y jugadores ávidos de ganar la partida que estéis jugando.

Pero no creas que es tan fácil como pueda parecer: la mayoría de las Ocas son casi inalcanzables a menos de que te hayas criado cerca de ellas y conozcas bien cómo se mueven, como piensan, cómo abordarlas de forma que piensen que eres como ellas.

También puede pasar que los dados con los que naciste no alcancen nunca una casilla de la Oca por más empeño o fuerza que pongas, o que pases delante de ellas casi sin darte cuenta y sigáis cada uno su  camino.

Pero una cosa es clara: absolutamente todos los jugadores piensan que es a ellos a quienes les toca, aunque se encuentren a mucha distancia de conseguirlo, y todos lo intentarán de una forma más o menos visible.

Si no te gusta jugar a este juego no pasa nada. Sigue tu camino, confía en tus pasos, en tu esfuerzo avanzando casillas.

Piensa que, mejor que saltar Ocas, es estar preparado para aprovechar una buena Ocasión.

© Jugadora1.

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