Lugares comunes.

Nuevo día, nueva oportunidad de reinventar tu vida. De probar nuevas formas, nuevos caminos.

Abre tu mente, busca el camino más largo, la respuesta más alejada del “bien”, “bueno” o el “ahí estamos”.

Apaga el piloto automático y agarra con fuerza los mandos de tu día a día.

Configura otras alternativas al “me gusta”, “mola”, “está guay”. Seguro que se te ocurren nuevas formas de expresar lo que sientes, lo que piensas.

Solo necesitas intentarlo, pararte unos segundos antes de darle al botón azul o al corazón rojo y escribir desde dentro. No más “estás guapísima”, “un besazo”, o “me encanta”.

Busca otras maneras, pinta de otros colores tu vida y prueba a combinarlos de distintas formas.

Aléjate de estereotipos, de supersticiones y celebraciones populares y crea las tuyas propias. No todo es llegar y “besar el santo”, si madrugas “Dios te ayuda”, tirando la moneda en la fuente llegará el amor y si tocas el pie de David Hume antes de un examen te hará aprobarlo.

Lo sé. Pensar requiere más  esfuerzo, más tiempo, más energías. Y no tienes muchas cuando vas de un lado a otro, trabajando, estudiando, comprando.. en esos trayectos y esas rutinas solo hay espacio para la inmediatez, la carga del vídeo instantánea, el Whatsapp a tres bandas llenos de emoticonos, para el Me gusta y el RT casi indiscriminado y el resumen de los 10 principales hashtag del día.

Subimos la foto del momento feliz y gastamos tiempo en ponerle el mejor filtro o pensar en un comentario ingenioso y no lo utilizamos en ser originales de verdad, ser auténticos en nuestro cariño y nuestra realidad. Mostrar poco, filtrar menos y valorar más con el corazón a las personas.

Reinventa tu día, añade nuevas reglas a tu juego, nuevas fichas y movimientos.

No elijas moverte por las casillas de moda, por ahí siempre irás más “despacito”, cuando puedes tirar los dados con fuerza y hacer funcionar tu cerebro al máximo en todos los ámbitos.

Escribe, buscar nuevas canciones que escuchar, nuevas formas de contestar, de comentar, de hablar. Da un salto desde el centro del tablero, donde van a parar todos los jugadores cuando no saben cómo moverse: ese “no, lo siguiente”, “vale”, “ok”, “hablamos”, “ya nos veremos”, “tenemos que quedar”… y marca tú las directrices y dimensiones de tu nueva casilla, aquella de la cual solo sale o entra lo que tú elijas que para ti, no lo que otros te impongan porque todo el mundo lo haga o diga así.

Pasea por las afueras de la ciudad en navidad, evita los centros comerciales en rebajas, no regales cosas materiales en el día de la madre, del padre, de los enamorados, hazlo otro día y de verdad, porque te apetece.

Olvida los “nos tomamos unas cañas”, “me debes un café”, “al mal tiempo buena cara” y “no hay mal que por bien no venga”. Cámbialo por otras frases, otras formas de quedar con tus amigos, de sentirte bien, de vivir.

No hagas un remake de la vida de los demás. Tú tienes la tuya propia. Con sus luces y sus sombras sin filtrar, con los caminos que eliges y otros que dejaste atrás, con lo que realmente te gusta y lo que no. No copies lo que hacen otros, no cuentes seguidores ni parpadeos en el móvil, cuenta cada instante de tu vida, cuenta cada momento que decides ser tú y llevar tu propio rumbo.

Construye, arma y desarma a tu antojo. Deja el móvil más cerrado y tu mente más abierta.

Es fácil. Solo tienes que abrir bien el tablero, pararte a pensar qué es lo que realmente te gusta y quieres hacer con tu vida y dibujar nuevas casillas de las que salir, a las que llegar.

Aparta ese cubilete en forma de móvil o televisión y tira tus dados de nuevo con fuerza desde tus pensamientos, tus deseos y tu corazón, evitando caer en aquellos lugares donde acaba la creatividad y comienza la rutina, donde van a parar todos por inercia, por puro cansancio o porque no saben cómo salir de ellos.

Crea tu propio camino, píntalo a tu gusto y lleva a tu mente a vivir a las afueras, bien lejos de los lugares comunes.

© Jugadora1.

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Viajar para no Viejar.

Vieja y Viaje tienen un solo cambio en su camino: la Edad que se impone a cada ańo se desplaza al final para convertirse en nuevas Experiencias por vivir y la Ańoranza del pasado se mueve dos letras por delante en busca de Aventuras.

Viajar es un lanzamiento de dados con el cubilete lleno de ganas por agitar nuestro micromundo de jugadas rutinarias y sacar seises de aire limpio y bellos atatdeceres.

Porque cuando viajamos, estamos en constante confrontación con nosotros, con nuestro mundo más cercano y costumbres aprendidas. Nuestra vida hasta ese momento, cabe en una maleta de recuerdos que parecen revelarse y mostrarse a cada paso.

En un solo gesto (respirando en la montańa, en cualquier playa observando el mar, cerveza en mano en aquella taberna de la plaza del Ayuntamiento..) podemos sentir cómo sumamos puntos de sabiduría y ganas de vivir en menos de veinticuatro horas de viaje.

Mantener esta sensación cuando volvemos del viaje es un nuevo juego, un reto que nos depara, inevitable, la vuelta a nuestras vidas.

Porque todo viaje se compone de tres en realidad: el que deseamos hacer, imaginamos y organizamos en nuestra mente, en las búsquedas de destinos, lugares con encanto, listas de cosas imprescindibles por ver, etc;

El segundo, el viaje en si mismo. Los dados que giran, las casillas que recorremos, la gente, los paisajes, formas de vida, de respirar; y, por último, el tercer viaje que no es menos importante: el recuerdo. Todo lo que rememoramos, las anécdotas, el sabor de aquella playa pegado a nuestra piel, la alegría de la gente de aquel pueblo agarrado a nuestro corazón, las historias detrás de cada piedra, muralla y puerta que abrieron nuestra mente.

Viajar nos agranda la empatía y las gafas con que etiquetamos el mundo y a los demás. Nuestro mundo de alegrías o preocupaciones diarias, de la casa al trabajo y del cine a las cańas se hace pequeńo, como lo somos nosotros al murarnos en el espejo del mundo donde vivimos.

Y, aunque siempre hay mucho más allá por descubrir de lo que imaginamos, realmente no hace falta irse lejos. Basta con salir de la “comarca” y conocer otros pueblos, otras ciudades. Ni siquiera es preciso irse a otro país, en el tuyo propio encuentras una heterogeneidad tan grande de costumbres, gentes, sabores y formas de vivir que cualquier paso más allá de nuestra cotidianeidad ya es un gran aprendizaje.

Y, un secreto: cuantas más veces tiramos los dados y sumamos casillas lejos de “casa”, menos arrugas salen en nuestro corazón, porque sacudimos las rutinas, aireamos nuestra edad mental y dejamos simplemente de Viejar día tras día haciendo casi las mismas cosas.

Levántate. Sin miedos. Sin excusas. Camina. Abre bien los ojos. Aprovecha cada día que puedas y prepárate a conocer nuevos lugares, escuchar y aprender de tras personas, probar nuevas experiencias y, lo más importante, a Viajar para no Viejar antes de tiempo.

© Jugadora1.

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