Peón a Reina.

Sigue, no te detengas.

No escuches las voces que te insinúan que no serás capaz. Que eres un simple Peón. Que no puedes avanzar más que a pequeños pasos. Uno. Otro. Otro más.

No hagas caso de los caballeros que vienen hacia ti, en su caballo, avanzando con rapidez y eLegancia hacia todo lo que consideran un peligro. Ellos, que nacieron en grandes casas y fortunas tan interminables como sus regios apellidos, huelen todo lo que pueda ocasionarles una pérdida de poder o de estatus y son los primeros en acudir a eliminarlo.

Vosotros, los peones, les dais mucho más miedo del que nunca admitirán. A ellos y a otros caballeros también poderosos que, sin haber nacido en grandes casas, consiguieron escalar y subir a lo más alto con chantajes y prebendas, gracias a poderosos amigos y favores. Desde lo más alto de la más alta Torre, observan cual vigías en busca de algún iceberg escondido tras un aparentemente insignificante peón que pueda hacerles naufragar de su vida de lujos y comodidades.

Ellos también intentarán que el desánimo os gane la batalla y, desde esas altas esferas, manejarán todos los hilos posibles para que vosotros, los Peones, sigáis siendo siempre eso: pequeñas piezas en el juego de la vida.

Los Alfiles, guardianes del tablero, velarán porque todo permanezca igual. El Rey la Reina en su lugar, altamente protegidos, los grandes caballeros y los poderosos en sus Torres y, abajo, en primera fila de batalla diaria, de lucha por la supervivencia, el resto de Peones.

Se moverán con gracia y rapidez, tomando la diagonal ahí donde vean que pueden perder alguna pieza importante. Y seguirán diciéndote que no puedes, que no lo intentes siquiera: -¿Acaso no ves lo pequeño que eres?, ¿dónde está tu caballo?, ¿dónde tu torre? – te dirán – tranquilo pequeño Peón, se feliz en tu pequeño mundo y muévete despacio, así, sin alcanzarnos.

También te encontrarás en tu camino con otros Peones envidiosos de tu avance en el tablero. Muchos unirán fuerzas con los caballeros y los alfiles para que no seas tú quién consiga aquello que más ansían, poniéndose delante de ti para cerrarte el paso.

No pueden ni quieren ver a un Peón como ellos que lo ha conseguido.

De ninguna manera. Prefieren que todo siga igual. Y juntarse de vez en cuando para quejarse de sus pequeños pasos, de los grandes y poderosos que no les dejan avanzar, el tablero que no cambiará nunca y el juego que “es así y así será”.

Pero te contaré un secreto: si no haces caso a ninguno de ellos, ni a grandes ni a pequeños, y sigues tu camino, paso a paso, por pequeña que pueda parecer cada pisada dejará su huella e irá formando nuevos caminos.

Y finalmente, si defiendes a cada casilla tu forma de ser, todo lo que quieres ser y lograr en tu vida, llegarás al final del tablero y te habrás convertido en la dueña de tus decisiones y tu felicidad diaria y no habrá pieza alguna que pueda cambiarlo.

Como Reina de tu vida,  podrás elegir tus movimientos libremente. Y, es cierto, habrá cosas que no puedas lograr, que estén fuera de tu alcance o, simplemente, no sean para ti. Pero haber luchado por lo que quieres ser y hacer te dará una libertad y una fuerza imparable.

De Peón a Reina en el ajedrez de tu vida.

Y sigue, no te detengas.

© Jugadora1.

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Pescamisar. 

Si hay un juego que a casi nadie gusta jugar ese es el juego de la pesca de camisas o, dicho de otro modo: Pescamisar.

Pescamisar es un juego aparentemente sencillo pero que requiere de mucha paciencia. Porque las camisas, por más que la etiqueta advierta de su fácil planchado, nunca nunca nos lo ponen fácil. Siempre son un reto a nuestra capacidad de resistir sin perder los nervios.

Al igual que los peces, no tienen apenas memoria, no recuerdan bien haber sido planchadas por lo que, para pescar una, se necesita insistir una y otra vez hasta doblegar su natural resistencia al calor y la suavidad.

Les gusta moverse, agacharse cuando crees que la tienes sujeta, caerse, retorcerse y doblarse de mil formas posibles para ir mostrando nuevas e insospechadas arrugas a cada segundo.

Sabedoras de que, la mayoría de nosotros, no tenemos tiempo ni ganas de jugar con ellas, disfrutan haciéndonos desesperar, en su calendario tiene seńalados los domingos por la tarde como mejor momento de la semana.

Porque Pescamisar requiere, como en la vida real, de una actitud positivamente abierta a lo que surja: si el camino no es tan listo como imaginábamos, si no cede fácilmente, dejemos pues ver a dónde nos llevan las bifurcaciones.

Si sentimos que el tiempo apremia y queremos terminar pronto aquellas tareas que menos nos agradan, abramos bien los ojos, respiremos profundamente y permitámonos que cada nueva arruga nos enseńe algo de nosotros mismos que desconocíamos.

Porque igual que en la pesca, las prisas no son buenas, y un mayor impulso o gesto apresurado puede crear una nueva arruga donde ya había camino andado.

Cambiando la forma de ver las cosas podemos cambiarlo todo, incluso este desesperante juego de Pesca puede convertirse en nuestro momento de “Mindfullness” favorito.

Escuchando el sonido del vapor saliendo tras cada pasada, sintiendo la poderosa sensación de ser tú quien va trazando su propio destino, despacio, sin prisa, insistiendo sin dejarse vencer, alisando con una mano, abriendo camino con la otra, fortaleciendote con constancia y paciencia para llegar, por fin, a la recompensa: haber pescado un gran ejemplar de camisa, esa que se escapa y retuerce con solo mirarla.

Después, la llevarás contigo. Tu fortaleza quedará unida a tu nueva piel. Y quedará colgada en tu percha de nuevos aprendizajes.

Y es cierto, vendrán más momentos difíciles, más camisas que parecen imposibles de dominar. Incluso las que ya lo estaban, dejarán de estarlo y volverás al principio, a intentarlo nuevamente.

No pasa nada. Respira. No dejes que otros jueguen por ti porque parezca aburrido o difícil. Disfruta de cada pliegue, del tacto y olor de cada momento vivido mientras lo intentas. Y de lo que cada arruga te va enseńando.

No lo dudes. Aunque a nadie parezca gustarle, aunque no nos lo pongan fácil. No dejes nunca de Pescamisar cada día nuevas oportunidades y sueńos por cumplir.

© Jugadora1.

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Dibujando tu propio camino. 

Uno de mis juegos preferidos de mi infancia era el Telesketch: aquella pizarra en la que podías dibujar a través de dos botones líneas curvas y rectas sin rumbo fijo.

A veces, conseguías hacer un barco. O la torre de un gran castillo. O las olas del mar llevándote bien lejos.

Y si no salía bien o no te gustaba, no pasaba nada: lo agitabas con fuerza y volvías a empezar.

Conforme te haces mayor, muchas veces sientes que cada vez pintas menos y de forma más dirigida. En algún momento notarás cómo te enseñan a hacer líneas rectas siguiendo un camino trazado de antemano.

La sociedad te mostrará cómo dibujar. E incluso, si echas de menos esos ratos de creación relajada en la vorágine de tu rutina diaria, pondrán a tu alcance muchos libros de mandalas o motivos geométricos complejos de mil formas para colorear.

Si, para colorear. El camino, de nuevo, ya estará marcado. Pero no te preocupes. Te prometen horas de diversión y relax.

Tú te preguntarás dónde quedó la diversión, la ilusión por crear, imaginar mil modos de llegar, casillas de salida, caminos propios de ida y vuelta.

Cómo puede ser mejor imitar cada color con escrupulosa semejanza, pudiendo elegir distintas combinaciones: buscar, pensar, probar. Borrar. Y volver a empezar.

Te dirán que está de moda. Los verás por todas partes e incluso conseguirán que creas que así es más fácil. Que no tienes apenas tiempo en tu vida de adulto para inventar otros modos.

Pero un día, tu corazón echará de menos a aquel niño de formas infinitas y páginas en blanco. Y volverás a sentir el placer de pensar e imaginar tu camino.

Y si no te gusta, y si vienen curvas, siempre puedes sacudir fuertemente tus miedos y las líneas que nos atan a lo que se espera que dibujemos, agarrar fuerte el timón con ambas manos y empezar de nuevo.

Navegar con aquel barco entre el oleaje hasta llegar a la torre de tu castillo.

© Jugadora1.

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