Pescamisar. 

Si hay un juego que a casi nadie gusta jugar ese es el juego de la pesca de camisas o, dicho de otro modo: Pescamisar.

Pescamisar es un juego aparentemente sencillo pero que requiere de mucha paciencia. Porque las camisas, por más que la etiqueta advierta de su fácil planchado, nunca nunca nos lo ponen fácil. Siempre son un reto a nuestra capacidad de resistir sin perder los nervios.

Al igual que los peces, no tienen apenas memoria, no recuerdan bien haber sido planchadas por lo que, para pescar una, se necesita insistir una y otra vez hasta doblegar su natural resistencia al calor y la suavidad.

Les gusta moverse, agacharse cuando crees que la tienes sujeta, caerse, retorcerse y doblarse de mil formas posibles para ir mostrando nuevas e insospechadas arrugas a cada segundo.

Sabedoras de que, la mayoría de nosotros, no tenemos tiempo ni ganas de jugar con ellas, disfrutan haciéndonos desesperar, en su calendario tiene seńalados los domingos por la tarde como mejor momento de la semana.

Porque Pescamisar requiere, como en la vida real, de una actitud positivamente abierta a lo que surja: si el camino no es tan listo como imaginábamos, si no cede fácilmente, dejemos pues ver a dónde nos llevan las bifurcaciones.

Si sentimos que el tiempo apremia y queremos terminar pronto aquellas tareas que menos nos agradan, abramos bien los ojos, respiremos profundamente y permitámonos que cada nueva arruga nos enseńe algo de nosotros mismos que desconocíamos.

Porque igual que en la pesca, las prisas no son buenas, y un mayor impulso o gesto apresurado puede crear una nueva arruga donde ya había camino andado.

Cambiando la forma de ver las cosas podemos cambiarlo todo, incluso este desesperante juego de Pesca puede convertirse en nuestro momento de “Mindfullness” favorito.

Escuchando el sonido del vapor saliendo tras cada pasada, sintiendo la poderosa sensación de ser tú quien va trazando su propio destino, despacio, sin prisa, insistiendo sin dejarse vencer, alisando con una mano, abriendo camino con la otra, fortaleciendote con constancia y paciencia para llegar, por fin, a la recompensa: haber pescado un gran ejemplar de camisa, esa que se escapa y retuerce con solo mirarla.

Después, la llevarás contigo. Tu fortaleza quedará unida a tu nueva piel. Y quedará colgada en tu percha de nuevos aprendizajes.

Y es cierto, vendrán más momentos difíciles, más camisas que parecen imposibles de dominar. Incluso las que ya lo estaban, dejarán de estarlo y volverás al principio, a intentarlo nuevamente.

No pasa nada. Respira. No dejes que otros jueguen por ti porque parezca aburrido o difícil. Disfruta de cada pliegue, del tacto y olor de cada momento vivido mientras lo intentas. Y de lo que cada arruga te va enseńando.

No lo dudes. Aunque a nadie parezca gustarle, aunque no nos lo pongan fácil. No dejes nunca de Pescamisar cada día nuevas oportunidades y sueńos por cumplir.

© Jugadora1.

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Juegos Reunidos.

Sal. Levántate. Abre la caja de los juegos. En plural.

No es malo ver cómo juegan los demás sus vidas reales o ficticias a través de la pantalla. No si tú, a su vez, también estás jugando. No dejes que únicamente te lo cuenten o que tus posibilidades de jugar se reduzcan conforme crezcan tus miedos y se expandan a lo largo y ancho del sofá.

Mueve las piernas. Habla. Mira. Participa. Deja ese único juego (el que mejor se te da, el que más te gusta) y abre la caja de los Juegos Reunidos.

No temas. Todos los juegos parecen complicados hasta que se prueban. Hasta que conocemos bien las reglas del juego y las incorporamos a nuestro aprendizaje.

Cuantas más reglas del juego vayas conociendo, aprendiendo, más fácil será extrapolar lo aprendido a otros juegos de mayor complejidad o alcance. Y más disfrutarás del camino.

No dudes que perderás en la mayoría de ellos. El azar puede llevarte lejos por un instante, pero es el aprendizaje el que te hará volar siempre. Aprende de todas las derrotas y de las veces que sientas ganar la partida.

Y no cierres las puertas a lo desconocido: a aquel juego que crees que no es para ti, que no se te dará bien, aquel cuyas reglas no entiendes cuando lo pruebas al principio.

Da un paso más allá, porque merecerá la pena y descubrirás lo cerca que siempre estuviste de jugar tan bien como tú siempre quisiste.

Mucha gente te mirará raro si te sales de su juego o de lo que consideran que es el tuyo. No dudes de que no será fácil ni para ti ni para los que están acostumbrados a estar más pendientes de los juegos de los demás que de vivir el suyo propio.

Y si, habrá muchos juegos que no podrás jugar. Porque simplemente no estarán a tu alcance monetario, o porque la vida es un juego de tiempo finito. No lo olvides, esta es la regla más importante que aprenderás jugando cada día.

Por eso mismo, merece la pena intentarlo. Hacer la gymkana de los juegos en el tiempo de tu vida: probar todos los posibles, especialmente los que siempre soñaste con jugar. Ser el propio máster y actor principal de tu juego y no un extra esperando su turno viendo jugar a los demás sus juegos de tronos.

Agita los dados y muévete. Escucha. Siente. Aprende. Y disfruta!

© Jugadora1.

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