La maldición del cinco.

Me gusta quedarme en casa. Se siente bien, es un refugio, un momento de calma en el que las caretas y los disfraces quedan guardados en los armarios y uno anda ensayando, aguardando o temiendo el siguiente paso, la siguiente casilla.

A veces, por más que uno quiera, no se consigue un cinco. Y nos quedamos anclados en esa espera, tirando los dados y confiando en que el azar nos libere de la rutina, la soledad o un desengaño.

Y vemos pasar la vida. La gente recorre sus casillas, se comen a besos o les engulle algún vaiven personal o profesional que les hace retroceder. Pero siguen tirando y siguen avanzando. Porque esa es la vida.

Un dos. Mañana volveré a intentarlo. Un cuatro. Estoy acercándome, presiento que ya falta poco para que me toque. Un ocho. Vaya, igual alguien venga y me preste un cinco.

Esconderse detrás del cinco no lleva a nada. Puedes quejarte de tu mala suerte, tus torpes dados, sentir que el cubilete en el que te mueves es demasiado estrecho, que pesa demasiado, que no tienes margen para maniobrar para sacar dos seises de golpe y avanzar más rápido.

Pero no valen las excusas. Se siente bien en casa, en mi refugio, pero voy a pasar de los dados, me comeré mi miedo a lo desconocido y contaré hasta veinte.

Porque no, no necesito ese cinco para contruir la vida que quiero.

© Jugadora1.

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Vamos a jugar a un Juego.

 Se llama “Comparte tu vida”. Es muy emocionante. Tú me cuentas tu vida y yo lo leo. Bueno, no solo yo. También si quieres realmente jugar todos tus amigos, tu familia, tus compañeros de trabajo, los del jueves en alemán, los del tenis del domingo y tu vecina de abajo. Y todos sus amigos.

Pero no quiero abrumarte. Tranquilo. Empecemos solos tu y yo. Cuéntame algo, dime tu estado actual. No, no te escucho, pero puedo leer todas tus actualizaciones y decirte lo mucho que me gusta. No, no te lo digo en persona, pero tranquilo que te lo haré llegar de alguna manera, este juego es genial, puedo mandarte muchas caritas y dibujos para que veas cómo me gusta lo que dices.

Bueno, no te pongas así, que tampoco hace falta que me cuentes toda tu vida. Sabía que eso no te iba a gustar.

Solo una advertencia: jugar te ocupará mucho más tiempo del que tú crees. Ten cuidado con el tiempo que pasas jugando porque es adictivo. Sí, no me mires así. Créeme. Una vez que empieces, no sabrás vivir sin”Comparte tu vida”.

Es muy importante que sepas pararlo y guardar parte de tu tiempo para vivir la vida real, para recibir esos besos y abrazos que añoras, para contarme tus penas y alegrías y tomarnos un café juntos. Recuerda esto que te digo, pues una vez que entres pensarás que tú controlas el tiempo pero, en este juego, el tiempo te controla a ti.

Sí, ya lo sé. Que preferirías no ver esas fotos de playa en Cancún cuando tú llevas dos años sin vacaciones, y tu mujer que aún se está recuperando de un aborto preferiría no ver tanto bebé y niño haciendo monerías. Tranquilo, puedes elegir qué ver y qué no ver, puedes incluso no participar en el juego. Ignora las peticiones de tu familia y amigos para comenzar a jugar.

Eres libre. Pero recuerda, si no juegas, no existes. O casi.

Pero dejémonos de sermones, que te veo con ganas de empezar. Tú solo recuerda que cuantos más “Me gusta” y comentarios recibas, más puntos obtienes.

No olvides ir completando todas las casillas del juego comentando y publicando temas de todos los colores.

Eso, veo que lo has entendido. Añádeme. Así. Sube una foto. En esa estás muy bien, pareces un tipo atractivo, de éxito en todos los ámbitos y feliz. Es perfecta.

Mira, ya tienes 5 👍 y dos comentarios sobre tu moto y tus ojazos.

Bienvenido. Ya eres uno más. Me gusta!

© Jugadora1.

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