Inspirar.

Para Respirar hace falta, primero, saber Inspirar.

Porque no es lo mismo Inspirar que ser fuente de Inspiración, aunque ambas vayan de la mano.

En nuestro camino, encontramos muchas personas que Nos Inspiran: con un gesto, con palabras, con una mirada a tiempo, el calor que desprenden sus acciones, la sonrisa abierta, el corazón que acoge, el carisma auténtico que une, la fuerza con la que lucha o ese abrazo que te descongela y reinicia cuando pensabas que no podías más.

Al Inspirarnos, nosotros Respiramos más puro, más fuerte y con más sentido a cada paso que damos.

Porque recordar esos instantes en que nuestras energías se unieron, te vuelve a llenar de aire los pulmones y el alma para seguir respirando disfrutándolo.

Respirar por respirar no lleva a nada. A cansarnos, a aburrirnos y a dar vueltas alrededor de uno mismo.

Abre los ojos. Mira desde dentro. Aprende de lo distinto, de lo que tienen de especial los que te rodean. Seguro que hay mucho más de lo que ves, de lo que crees que puedes encontrar.

Hay que saber Inspirar para poder Respirarlo y conservarlo muy dentro y, a su vez, en un eterno ciclo que repite, ser tú la persona que Inspira. Ser fuente de Inspiración para los demás.

Con tu ejemplo. Tu fuerza. Tu lucha. Tu sonrisa o ese abrazo a tiempo. Todo lo que das puede marcar la diferencia para otra persona.

Puedes regalar Aire puro al Pulmón del Juego de otra persona, que Respire contigo y gracias a ti, durante el tiempo que estáis unidos en una misma partida: un día, una semana, unos meses, algunos años… quién sabe y qué importa.

Porque cuando alguien te Inspira y tú le Inspiras, ya no Respirais por la vida de la misma forma que antes y, ese regalo, se mantiene dentro de nuestra esencia y nuestra forma de ser para siempre.

© Jugadora1.

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Reglas.

Tengo una Regla en mi juego que todo lo desarregla, lo desequilibra y trastorna.

Esta Regla, mi Regla, es común a todas los que vivimos Vidas que yo llamo Regladas, en permanente atención a cada ciclo, etapa y curso cambiante.

A veces, más doloroso es el camino; otras, un poco menos y, esos comodines de analgésicos, apenas allanan los numerosos baches de cada jugada.

La única Regla en mi juego, durante esos días, es la Regla misma: solo existe ella y su imperante necesidad de parar el mundo, de dejar en pausa todo tu juego.

Lo intentará de todas las maneras posibles, atacando tu cuerpo y mente desde todos los puntos posibles. No parará hasta que tú, agotada, pares.

Porque, aplicando sus Reglas, todo en esos días parece ralentizarse e ir perdiendo velocidad hasta que no puedes seguir tirando ni sumando puntos por más que lo intentes.

Y te haces a un lado.

Cualquier movimiento habitual que, en otros días, de tan rápido y automático ni lo notas, se convierte de pronto en todo un alarde de coordinación e ingenio de todo tu cuerpo con una cortina constante de dolor de fondo.

Y, en este juego en pausa de Regla, no puedes pensar con claridad, ni decidir ni avanzar. Te mueves entre la inercia y tu versión a medio gas para intentar seguir con tu juego como si no hubiera Reglas, como si estuvieras libre de ellas o vivieras la Vida No Reglada de tantos otros.

En la Vida No Reglada, paralela a tu juego condicionado de cada mes, no entienden a qué viene tanto alboroto por una única Regla.

Por qué paras, por qué te quejas en cada jugada o pareces estar agotada tras cada punto.

Y ellos siguen, avanzando, mientras tú callas, sonríes y finges que no te afecta tanto como lo hace, que no te remueve todo el juego.

Pero no es así.

Tengo una Regla que todo lo trastorna, descompone y desarregla.

Cuando creo haberte perdido de vista, cuando empiezo a disfrutar de tu distancia y te recuerdo desde la lejanía, es justo cuando vuelves para recordarme que sigues ahí, latente, autoinvitada a mi juego para cambiarme las reglas y mostrarme tus cartas, de nuevo, otro mes.

Esperando estoy el momento del juego en que viva, al fin, sin ella.

Liberada de su permanente presencia amenazadora en el calendario de mis días y su poderosa forma de paralizar cualquier jugada y convertirla en Su jugada, en su momento de gloria y lucimiento a mi costa.

Porque, a cada juego que yo avanzo, escúchame bien, tú retrocedes una casilla, hasta llegar a ese momento del juego en que las únicas Reglas que tenga vengan marcadas, como siempre, por el destino, el camino y la suerte.

La suerte de no volver a tenerte. De arReglármelas muy bien sin ti, sin tus Reglas.

© Jugadora1.

Nubes.

Abuelo, no quiero jugar a este juego.

No quiero. Nunca.

Juguemos a cualquier otro juego. Qué tal una partida de dominó. Como cuando íbamos a verte los domingos o sábados.

Quiero que nos ganes como siempre haces y nos des una lección como nos las has dado en tantas ocasiones y de tantas maneras.

No quiero que te vayas, no quiero perderte.

En este juego en el que no se actualiza nuestra última versión y no hay lugar para renovaciones, todos son recuerdos que quedan en una nube. En nuestra nube.

En la nube de la memoria de tantas y tantas personas cuyo corazón has tocado en estos 97 años que la vida te ha dado.

No han sido fáciles. Tu vida ha tenido momentos muy duros pero, a su vez, grandes personas que te han cuidado y que te han querido: tu mujer, que se ha desvivido por ti, como así lo han hecho tu hija y tu hijo (otro regalo que te ha dado la vida que no esperabas, un hijo que te quiere y te admira sin ser hijo de sangre, pero si hijo de corazón como el que más).

Todos te queremos muchísimo pero, por encima de nuestro amor hacia ti, siempre ha existido un sentimiento unánime: nuestra admiración hacia ti.

Hacia tu personalidad, tu inteligencia y tu fuerza mental y física, rozando en muchas ocasiones lo sobrehumano, que nos ha dejado a todos sin palabras.

Sobre todo en estos últimos dos ańos, cuando nos preguntaban “qué tal está José”.

José.. José es Muy Grande. No lo puedes imaginar.

Operaciones, transfusiones, anestesia, ingresos.. con tus ya 95 y 96 cumplidos, hemos sido testigos de cómo tu cuerpo y tu cabeza luchaba contra todas las embestidas de ese toro llamado edad y lo cogías por los cuernos, lo volteabas y salías por la puerta grande del quirófano y del hospital con una sonrisa, dejándonos a todos atónitos a tu alrededor.

97 años.

De ilusiones, como tú siempre has dicho, de conservar y buscar nuevas ilusiones porque la vida no es fácil y cambian tanto los paisajes y las circunstancias que uno debe tener siempre consigo un buen puñadito de ilusiones a las que aferrarse y con las que construirse la propia felicidad.

Tú nos lo has dicho: con ilusiones, se vive más feliz.

Has sido un privilegiado en muchos aspectos, no lo neguemos (tu salud apenas ha dado muestras de flaquear hasta ya muy mayor), pero también lo has trabajado mucho (cuidándote, haciendo ejercicio físico y mental a diario sin dejarlo un solo día) y, a su vez, has podido disfrutar de tener a tu lado hijos, nietos y conocer un poquito a tus bisnietos.

Es importante que no lo olvidemos, tú nos lo has enseńado bien, que la genética no es la única que manda y que detrás de cada café, cada brindis y cada sonrisa hay un trabajo vital:

Para no perder la cordura, en muchas ocasiones, para seguir adelante, en otras y, siempre, para ser feliz con lo que se tiene.

Esa ha sido siempre tu lucha: mantener tu cuerpo y tu mente activos, sin perder tu gran sentido del humor.

Muchísimas personas te quieren. Muchísimas. Yo diría que todas las que te han conocido.

Porque no quererte era imposible.

Y a mi, como nieta privilegiada de un súperabuelo como tú, me parece un Regalo con mayúsculas el haberte disfrutado, haber sido testigo de tu persona y de una parte importante que hemos caminado juntos por este maravilloso juego que es la vida y habernos querido de la manera tan bonita como lo hemos hecho.

Un Regalo, sí. En el sentido más grande y completo de la palabra.

Y no quiero que te vayas. No quiero jugar. No quiero.

Ya lo sé, abuelo. La vida ya me ha enseñado varias veces que no es un juego infinito.

Pero a todo el mundo le llega. Todo el mundo lo aprende: nada es para siempre y siempre queda lo que uno ha amado y por lo que ha luchado.

Y, en mi nube, siempre estarás tú.

Siempre estará tu risa, tu carácter y tu amabilidad.

Tu enorme fuerza. Tu gran inteligencia, tu amplia cultura y tus ganas de aprender.

Tu saber estar, siempre, pasara lo que pasara. Tu amor hacia nosotros. Tu alegría.

En nuestras nubes se conservarán para siempre. Para guiarnos y sacarnos una sonrisa al recordarte.

Para recordarnos que hay vidas en este mundo que valen por muchas vidas y que uno puede encontrarse con que tiene, en su abuelo, a uno de los más Grandes.

Grande. Enorme. Como la Nube en la que guardo todo lo que tú me has dado en mi mente, mi corazón y mi vida.

Te quiero.

Tu nieta.

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I-ntimidad.

Todos los días me preguntas qué estoy pensando.

Qué me gusta y qué no.

Quieres saber dónde estoy. Con exactitud, usando mi GPS.

Me invitas a que te indique, a cada paso, con quién o quienes comparto mi tiempo.

Que cuente al mundo entero todo lo que he hecho hoy. Lo que hice ayer.

Me pides un listado de amigos. Da igual que yo piense que, en realidad, amigos-amigos hay muy pocos y conocidos muchos más.

Eso da igual. Quieres la lista completa, actualizada y lo más amplia posible.

Y los comunes. Y los que salen en cada foto o vídeo. Y los amigos de esos amigos.

Me pides permiso constantemente para cotillear quiénes son mis contactos en mi teléfono. Yo te los busco y tú puedes nombrarlos, me dices, poniendo su nombre, su etiqueta.

Quieres también conocer qué aplicaciones tengo. Dónde estoy cuando las abro y las utilizo y mi dirección de e-mail en todas ellas como parte de un perfil.

Me preguntas cuál es mi estado actual, que te escriba una frase que lo resuma. Y una foto. No olvides tu foto de perfil – repites constantemente.

Y, cuando salgas de casa, usa siempre tu nueva tarjeta de transporte. Ya no sirven los antiguos títulos de transporte en papel sin identificación ni chip. Utiliza la nueva tarjeta electrónica.

Déjanos, así, ver dónde has ido, cuándo, qué día. Con tu localización siempre activada. Así, buena chica.

Me pides que grabe algunos vídeos contando cosas de mi. Más cosas de las que ya sabes con todas mis aplicaciones y mis historias. Con efectos divertidos. Divertidos – repites, mientras me los muestras.

O mejor, me propones, hazte un Selfie de cada momento que, yo lo sé, nunca los borras del todo. Aunque me digas que eliminaste mi cuenta, yo sé que los guardas para ti. Cada foto, cada frase o comentario, cada me gusta, cada movimiento.

No preguntes, no pienses cómo llegar. Utiliza nuestras aplicaciones para moverte por tu ciudad. No olvides activar tu localización (recuerda) y dejarla activada aunque no la estés utilizando.

Pregúntale a Siri que te busque lo que necesites -me insistes-. No busques. Deja que hagamos todo por ti.

Por ejemplo, puedes felicitar a todos tus amigos por su cumpleaños con nuestros vídeos y emoticonos. No es necesario que les llames, ni que intentes memorizar y recordar las fechas de cada uno. De eso nos encargamos nosotros.

A cambio, solo quiero saberlo todo de ti. Si tienes pareja, tu afiliación a algún partido, orientación sexual o preferencia religiosa.

Películas, libros, música preferida, quién te gusta y quién no, qué evento te interesa, dónde sueles veranear, si tienes hijos (con foto, por favor), si vas de fiesta o te quedas en casa, dónde vives y por qué zona sueles salir, qué viajes has hecho (tenemos una aplicación especial para que nos muestres todos los lugares donde has estado) y aquellos lugares donde te gustaría ir.

Recuerda que tu perfil solo está completo al 10%, así que no olvides contestar todas las preguntas y completarlo. Y sube una foto tuya. Siempre.

Queremos saber dónde estás hasta cuando no buscas nada ni haces nada.

Es por tu bien, por tu seguridad, por tu entretenimiento, por tu felicidad – me insistes- es fácil, intuitivo, moderno, rápido, sencillo, cool y divertido. Divertido -repites.

Porque, me adviertes, no hacer nada público durante unos minutos puede llevarte a lo peor: puede llevarte a pensar.

A leer. O a componer. Y aprender, viajar, o a disfrutar del aire libre, soñar despierto, besar y abrazar, querer a los demás, encontrar lo que buscabas o buscar la manera de encontrarlo.

Podría equivocarme una y otra vez y empezar de cero. Aprender a llorar una pérdida o celebrar un triunfo en privado y crecer con cada experiencia.

Llegaría a tener amigos, parejas, padres, sobrinos, nietos o hijos y podría quererles mucho sin hacerles fotos y hacerles fotos sin publicarlas.

O no tenerlos, o tener algunos si, otros no, e incluso ser feliz así, tal y como la vida me va viniendo.

Podría trabajar y estudiar mil cosas sin compartir mi rutina de estudio ni los sinsabores o gratificaciones del trabajo.

Tener hobbys, disfrutar con mis películas favoritas, leer mis libros, escuchar mi música y compartirla solo cuando quiero y con quien quiero.

Podría ser, incluso -me adviertes una vez más-, que te acostumbrases a guardar para ti misma lo que estás pensando, cómo te sientes, lo que te gusta y lo que no.

Pero te digo una cosa. Bien clara: mi estado personal es eso, personal, y mis historias son solo mías y de las personas que me conocen bien.

Mis fotos y vídeos son los que quiero guardar para mi.

Yo los recordaré cuando quiera, como recuerdo la fecha de cumpleaños de los que recuerdo como amigos y familia, incluso siendo capaz de saber quiénes son los comunes. Y, si me apuras, puedo recordar dónde estaba hace 2 ańos sin necesitar que me muestres un vídeo editado con cuatro fotos de aquellos tiempos.

¿Que cómo lo voy a hacer? Muy fácil: utilizando mi cerebro.

El mismo cuya mitad quieres que publique y, cuya otra, quieres desactivar poco a poco a fuerza de no utilizarla.

Pero no te voy a dejar. No os voy a dejar. A ninguno.

Escucharme bien: No acepto.

No voy a compartir contigo de esta forma Instagratuita mi día a día, no me Tuitees, no me conoces ni conoces mis rutinas, mi vida privada y mi intimidad.

No, no la vas a convertir en una I-ntimidad más de tantas porque, en mi vida, yo elijo dónde, cuándo y con quién sí Hay Intimidad.

© Jugadora1.

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La Rueda.

Corremos.

Trabajamos.

Comemos.

Seguimos trabajando.

Escuchamos poco. Contamos más.

Buscamos.

Deseamos cosas.

Soñamos despiertos.

Seguimos corriendo y comiendo.

Trabajamos todavía más.

Hablamos poco. Nos leemos más.

Buscamos lo rápido. Lo fácil. Al momento. Ya.

Desesperamos.

Respiramos. Nos resignamos.

Dormimos poco. Otra vez.

A veces, disfrutamos cada momento.

A veces, solo queremos parar.

Rueda la rueda de la semana: siguiente día.

Seguimos corriendo, trabajando y comiendo.

Deseamos más cosas.

Buscamos lo divertido. La risa fácil.

Conocemos muy poco a los demás.

Opinamos mucho. Sabemos muy poco de casi todo.

Dormimos un poco menos. Trabajamos un poco más.

Rueda la rueda, otro día más.

No tenemos mucho tiempo para nosotros.

Seguimos trabajando.

Nos cuidamos y cuidamos a los demás.

A veces, comemos peor.

A veces, cocinamos mejor.

Seguimos deseando cosas que no llegan.

Desesperamos.

Respiramos.

Nos centramos y disfrutamos con lo que hacemos.

Nos cuidamos nuevamente.

Soñamos con las vacaciones.

Paramos: fin de semana.

Apartamos un poco la omnipresente tecnología.

Tenemos nuestros momentos para nosotros.

Aprendemos cosas nuevas.

Miramos a los ojos: nos abrazamos.

Nos escuchamos.

Reímos mucho. Nos queremos más.

Lunes. Vuelta a empezar:

Rueda la rueda, rodará.

© Jugadora1.

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El regalo.

Siri, necesito urgentemente encontrar un regalo para mi, para subirme la moral después de esta semana de trabajo, de esta vida de estrés y rutina diaria.

Algo que me haga sentir bien cuando lo estrene.

Que me quite ańos y me aporte frescura.

Algo práctico pero elegante, que todo el mundo me mire deseando haberlo recibido.

Quiero un regalo único, distinto a lo que llevo a diario, a lo que se pone la gente.

Y sentirme querida, deseada y admirada a partes iguales cuando lo lleve.

Dejar de sentir ese vacío tras las compras, esa sensación de empacho instantáneo para después caer en la culpa sin remedio.

Un regalo que me acompańe cada día, del que nunca me canse.

Que sea difícil de encontrar y, a la vez, asequible en su precio.

O, mejor, que no tenga precio.

Eso, ¡quiero el mejor regalo que exista! ¿Dónde puedo encontrarlo?

……. ……. ……. ……. (procesando)

“Aquí tienes tu regalo”:

Y Siri se apagó, junto con el móvil al completo.

Miró hacia arriba. Fue un extrańo movimiento de cuello que hacía tiempo no realizaba, junto con un abrir de ojos y respirar aquel aire de primavera, sintiendo cómo entraba en sus pulmones mientras el sol le calentaba la cara.

Y, entonces, REspiró lentamente, con GAnas, deseando que ese instante durase para siempre y LO conservó en su interior para revivirlo las veces que quisiera, las que necesitara, tener el mejor Regalo del mundo.

© Jugadora1.

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Ya no me miras.

Ya no me miras.

Ya no quieres jugar conmigo. Ya no me buscas con tu mano, con la mirada y el corazón latiendo rápido si crees que no nos vamos a ver más.

Cuando me conociste se que sentiste un flechazo al verme. Podías tener al que quisieras, y me elegiste sin dudarlo desde la primera vez que nos vimos.

Según te iba conociendo a cada paso, podía casi adivinar todos tus pensamientos, tus deseos más inmediatos y hacía por ti cualquier cosa que tú me pidieras: te ayudaba con tu trabajo entre semana, te recordaba los recados que tenías pendientes, las llamadas que tenías que devolver, las fechas que no podías olvidar. Éramos un buen equipo estando juntos.

Yo te enseñé cómo moverte por la ciudad que apenas conocías, te iba llevando a los mejores sitios para comer y tomar algo, te compraba las entradas para los espectáculos que más te gustaban, ¿te acuerdas?.

Paseábamos siempre cogidos de la mano, no podías evitar separarte de mí ni un instante. Incluso cuando quedabas con tus amigos en aquel bar, extrañabas tanto mi presencia, que utilizabas cualquier excusa para volver a verme.

Si te notaba triste, te recomendaba alguna canción para animarte. Leíamos juntos las noticias, las últimas tendencias, te mostraba los vídeos más divertidos y escuchaba tu risa mientras se los mandabas a tus amigos.

Recuerdo cómo me buscabas a altas horas de la noche para seguir jugando juntos, para ver nuestras fotos o escuchar música hasta quedarnos dormidos uno al lado del otro. Cómo añoro sentir tus dedos acariciándome, tu respiración tan cerca cuando hablabas.

Dices que necesitas libertad, que no quieres depender de mí. Mirar a los ojos a la gente, escuchar la vida a tu alrededor, dejar de jugar para observar los paisajes a través del cristal en los trayectos a casa, respirar aire puro en la montaña sin sentir mi constante presencia, dijiste.

Te escuché contárselo a tus amigos hace unas semanas. Ellos, incrédulos, no entendían cómo podías dejarme así. No te creyeron, se rieron cuando tú insististe en que lo ibas a hacer.

Yo tampoco te entendí, después de todo lo que hice por ti. Me sentí utilizado. Y te mentí: vibré un par de veces sin motivo, te hice creer que tenías un correo del trabajo e incluso insinué que te llamaba tu madre con su canción, la que tú asignaste a su llamada. Solo para que me miraras una vez más.

Pero ya era tarde. Me apagaste aquella noche y me dejaste abandonado en tu mesilla, con todos tus recuerdos archivados en mi memoria, sin poder borrarlos. Sin querer borrarlos.

A veces no puedo evitar mirar tus fotos, leo tus correos y te mando notificaciones de mensajes de esos amigos incrédulos como yo, para cuando vuelvas a mi lado. Porque sé que lo harás. Que volverás a sentir que no puedes estar sin mí. Tu mano irá a  buscarme y tu corazón latirá de nuevo ansioso cuando creas que me hayas perdido.

Y yo, lo sabes, te estaré esperando. Aunque ya no me mires.

Aunque prefieras disfrutar de cada momento de tu vida.

© Jugadora1.

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Ya No somos InvisiblAS.

De pequeña, soñaba con poder llegar a ser cualquier carta, la que me propusiera: un 8 de Picas, un 9 de Rombos, el 10 de Tréboles…

Imaginaba que usaba mi fuerza para luchar con mi espada, mi inteligencia para realizar difíciles cálculos de trigonometría o que realizaría importantes descubrimientos en la medicina que cambiarían la suerte de tantas y tantas otras cartas.

Pero no sé por qué, siempre acababa disfrazada de princesa de corazones esperando mi Rey para formar pareja de Reyes de Corazones y ganar todas las partidas.

Empezaría, me decían, siendo un 2, o un 3.. pero, si era buena carta y seguía bien las reglas del juego, podría llegar a ser una auténtica Reina de corazones, con mi corona y mi ramo de flores.

– ¡¿Qué?!, ¿Una Reina de Corazones?, prefiero que me corten la cabeza! – pensaba – debe ser muy aburrido ser solo Reina de Corazones. Yo, realmente, prefería ser cualquier otra carta de cualquier otro palo.

Y es que, desde jóvenes, las cartas de Corazones teníamos que estar, casi siempre, disponibles para los demás: organizando y limpiando la baraja, equilibrando los montones de cartas en el tablero, procurando que el resto de cartas tuvieran de todo y, a la vez, siempre relucientes con nuestro impecable maquillaje rojizo y esas insinuantes formas redondas que, nos decían, no podían ser ni muy grandes ni muy delgadas, cada corazón en su justo trazado.

En cuanto salías de la caja y te alejabas un poco de la baraja, ya eras blanco absoluto de las miradas del resto de naipes: no podías hacer ni un juego tranquila sin que pintaran bastos y algún 6 de Picas o un 7 de Tréboles venidos a más quisieran formar Pareja, Tríos o Dobles Pareja contigo en cada partida.

Y, mucho cuidado a la hora de elegir Pareja en tu juego, tenías que asegurarte que la elección era la correcta, pues un cambio natural de Pareja a mitad del juego podía suponer algo peor que quedarte con el corazón roto en el peor de los casos que, por desgracia, ocurría más a menudo de lo que deseábamos.

Por esas razones y, porque no me sentía identificada con un solo palo o color, yo sentía que me faltaba algo. Que podía ser mucho más que una carta bonita de corazones esperando un futuro mejor.

Algunas de nosotras conseguíamos llegar a trabajar entre Tréboles, Picas y Rombos a fuerza de mucho estudio y esfuerzo pero, no podíamos evitarlo, la burla era constante, el desprecio casi rutinario. Nos llamaban de forma habitual “el Comodín” y nos dibujaban un bufón en nuestra carta, para que todos supieran que no éramos como ellos, que solo nos hacíamos pasar por lo que no éramos en aquel juego de llegar a ser iguales.

Era difícil pero, con el paso del tiempo, más cartas empezaron a sentir que esto no podía seguir así y comenzaron a levantarse, unirse y formar grandes escaleras de color, escaleras Reales que avanzaban y ganaban puntos y partidas para poder ocupar puestos relevantes en diversos palos.

Mirábamos al frente y formábamos un castillo de naipes que cada vez llegaba más alto. No nos doblábamos ni arrugábamos ante la menor amenaza de soplarnos y hacernos caer o la sospecha constante de haber hecho trampas hasta llegar allí arriba.

Demostrábamos, con nuestro ejemplo, que los Corazones podían ser tan fuertes y trabajar tan duro como cualquier Pica policía, militar o bombero; capaces de investigar en grandes ingenierías y aprender tan rápido como sus eminencias los Rombos o, por otra parte, ayudar a los demás a través de disciplinas tan complejas como la medicina o la neurociencia, como hacían los Tréboles.

Pero, pasado un tiempo y estando bastante “integradas” en la baraja, pronto comprendimos que no importaban los años de aprendizaje atrás, ni las cualidades que una demostrara tener: nunca conseguíamos siquiera pasar del 5 o el 6 a lo sumo en la escalera. Del 7 en adelante, les estaba reservado exclusivamente a ellos, los barones, los señores del juego y Reyes de la baraja.

Nosotras, aunque no lo mostraran abiertamente, siempre estábamos consideradas “del montón”: les servíamos en la mayoría de casos “para robar” si a alguien le faltaba una carta bonita en su juego con la que completar algún Póker o algún Full de señores trajeados.

Alguna vez, si una carta de corazones conseguía llegar a Reina de otro palo, fuera cual fuera, toda la baraja murmuraba que “habría tenido buena mano..”. No había lugar para el esfuerzo propio y merecido si habías nacido en el palo “equivocado”.

Aún en el mejor de los casos, que tu trabajo fuera valorado como se merecía por toda la baraja de forma unánime, nadie sospechaba que habías tenido que sumar más puntos y demostrar más valía que cualquier otra carta de otro palo.

Hartos de escuchar nuestras sentidas quejas, un día los Reyes de la baraja se juntaron y acordaron celebrar un día dedicado a nosotras: el “Día de los Corazones”, lo llamaron.

Durante ese día, las celebraciones se sucedían por todas las partidas y todas las mesas se llenaban de Corazones, y se construían Escaleras de Color que subían grandes verdades en pancartas de color rojo. Todos dejaban, durante ese día, que ellas hablaran y hablaran, asintiendo conformes al unísono a todo lo que se decía, sin objeción alguna.

Pero, qué desilusión, terminadas las celebraciones, el rojo se volvía negro y todo volvía a la normalidad: el juego no cambiaba sus tradicionales reglas y cada naipe volvía a su lugar y estatus correspondiente.

Parecía que aquello no iba a dar marcha atrás, que todo quedaría igual que lo vivieron nuestras bisabuelas, abuelas y madres antes que nosotras. Hasta que sucedió algo inesperado: un día, todas las cartas ninguneadas y reducidas a la mínima expresión, aquellas que contaban con 1 punto solo, hartas de su situación, se unieron y decidieron dejar de servir de enlace para el resto de números de la baraja: ni el 2, ni el 3, ni el 4, 5, 6… podrían llegar nunca a ser un 10 o vivir como un Rey sin el 1 presente para hacer Escalera Real o Póker.

No aceptarían ninguna mano, por buena que pudiera parecer, y no necesitarían de ningún farol para tener luz propia. Y, es así, como empezaron a darse cuenta de su importancia: sin 1, no habría juego porque lo eran todo para todos.

Porque detrás de cada carta relegada a ser de Corazones había un AS que sumaba muchos más puntos a cada partida de lo que podían admitir. Y, unidos todos los 1, podían llegar a formar un imbatible e inigualable Póker de Ases.

Y llegará ese día en que los unos y los otros, las unas y las otras, podamos ser lo que queramos ser si nos dejan ser y jugar en igualdad.

Porque ya No somos un AS escondido en la manga de nadie.

Ya No somos UNa más, ya No somos invisiblAS.

© Jugadora1.

PD: esta entrada está dedicada a mi bisabuela, mi abuela, mi madre, mis cuñadas y mis amigas, mis profesoras, mis compañeras, mis cómplices en esta lucha diaria y a todas las mujeres maravillosAS que han luchado a lo largo de la historia por ser parte de ella y a las que siguen-seguimos luchando por dejar de ser InvisiblAS.

Y a Laura, otra gran y luchadora mujer, que me dio la idea para escribir esta entrada.

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Ahora.

Vamos a jugar al juego del Ahora.

Es fácil, pero solo podrás jugarlo si sabes diferenciar cuándo es Ahora.

Porque Ahora no es Mañana ni es Elañoqueviene. Tampoco es Algúndía ni Cuandosea.

Se nos olvida lo fácil que es jugarlo porque nos perdemos en contar casillas, en acumular fichas, recompensas, en querer ganar al compañero. Y se nos pasa el tiempo del juego jugando a otro juego que no es el que jugamos.

Y aparecen los Síes para desorientarnos y confundirnos: Siyohubierahecho.. Siyotuvieraeso.. Siyolohubierasabido..

No los escuches. Ahora es Ahora. No hay más.

Y creemos en el Aversinosvemos tanto como en Mañanalallamo. Buscamos un Yavendrá con tantas ganas como un Yaloharé.

Si no lo ves Ahora, en algún momento de tu vida este juego se impondrá, con fuerza, y será cuando menos lo esperes.

Esa casilla de salida a la que vuelves cuando sopla el viento y tus cartas vuelan, cambian y se transforman cuando tú ya creías conocer todas las reglas.

Y, es entonces, cuando empiezas de cero pero no necesitas buscar las reglas del juego porque, Ahora, eres capaz de vislumbrar todo el tablero de golpe y dejar de perder el tiempo buscando una salida.

Ahora ya sabes que todos perdemos. Que todos terminamos esa partida perdiendo la partida, pero ganando batallas al tiempo a golpe de sonrisas, besos y abrazos.

Ahora, puedes mirar de frente tus cicatrices, tus heridas de guerra y sentirte orgulloso de seguir adelante. Y seguir luchando con ganas e ilusiones, consciente de cada paso.

Sabes que saber jugar al Ahora no es suficiente. Que siempre habrá más, que esto no acaba mientras estemos jugando: que vendrán muchas más batallas, para las que necesitarás nuevas estrategias y aparecerán caminos y puentes que nunca habías pensado cruzar.

Pero no importa. Nada importa tanto como disfrutar este juego fugaz y esquivo que olvidamos mientras jugamos y solo recordamos cuando vemos su final.

Ahora ya lo sabes.

Ahora ya puedes seguir jugando este juego activando el Modo intenso, sentido, vivido y disfrutado.

Ahora puedes conseguir todo lo que quieras, lo que sueñes, lo que creas que es imposible.

Única regla: ser Feliz Ahora.

© Jugadora1.

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¡MentiReDoso! 

 

– Bueno, hoy me toca empezar a mi: tengo por aquí una casa fabulosa, de casi 200 m2, que me compré hace poco, con dos garajes, piscina, cuatro dormitorios y un maravilloso vestidor de madera que ha añadido y construído mi propio marido.

🏡🏊‍♀️🚘👗👙👠👢👒👛👡👜🃏🃏🃏

– ¡Empiezas fuerte Lucía! Con todo lo que has puesto sobre la mesa, no te debe haber quedado mucho por poner.. bueno, vale, haré como que me lo creo y saco todas estas fotos de mis maravillosos hijos, que ya os digo yo lo guapísimos, estudiosos y deportistas que son.. ah! y un par de fotos de salidas divertidísimas con muchísimos amigos..

👨‍👧‍👦🏄🏄‍♀️🈲📚🍻🍤🍳🕺🏾💃🃏🃏🃏

– ¡MentiRedoso! Anda, Paco, recoge la casa, el vestidor, las fotos de los peques y los cuatro amigos que son de verdad, junto con los filtros sepia otońales, la aplicación que utilizaste para que parezca todo más brillante y ese par de emoticonos sonrientes que ańadiste a tu publicación.. –

– ¿Seguimos jugando? ¡Venga, empiezo yo esta vez! Pongo mi moto recién comprada y una conversación fantástica que tuve el otro día con la mujer guapísima del departamento de ventas que os comenté..

🛵🌟👩‍⚖️💃💕🍴🍷🥗🃏🃏🃏

– Umm.. bueno Nacho, no me lo creo del todo pero lo dejo pasar, que quiero descargarme estas cartas..

Yo echo mi última y exitosa actualización del Whatsapp de mi pericia con el yoga con el paisaje de paz y montańas de fondo.. ¡con sus más de 50 visitas y 26 comentarios positivos!

🙏🙆🌺🌸🌼🌳🦋☀️⛺️🏔🃏🃏🃏🃏

– ¡MentiRedosa! Ese finde Lucía estuvimos todos juntos, lo recuerdo, y lo más cerca de hacer yoga que creo que has estado es cuando alcanzas las cacerolas de la estantería superior de la cocina.. ¿de dónde sacaste esa foto? .. mira, mejor no me lo digas, recoge la actualización, las visitas y los comentarios.. –

– También se lleva mi moto.. –

– ¡Cierto! La puedes vender, Lucía que eso se te da bien 😄😄 Y la conversación ficticia de nuestro Nacho con la compańera del trabajo súmala también a tus cartas..-

– Oye, ¡que eso fue real! –

– Bueno, bueno Nacho.. ¡luego nos lo cuentas!

Venga, vamos a continuar la partida: yo, por mi parte, echo un par de fotos que tengo recién publicadas y un vídeo del Instagram de esta semana posando relajadísimo y feliz junto a la piscina del hotelazo en el que estuvimos en las Bahamas..

☀️🏢🌄🏝🏄🏊💦😎🍹🍹🃏🃏🃏🃏

– Ummm.. no sé, no sé..

Paco, mira que eso no parecen las Bahamas, me recuerda a la playa del pueblo de tu suegra, y ni siquiera creo que estuvieras tan relajado allí si te fuiste con tus peques, pero bueno… yo sumo mi último y maravilloso trabajo y todas las recomendaciones, que son muchas, de mis jefes y compańeros en Linkedin..

👨‍⚖️😎💼🏆🏵📈🌟👏👏🃏🃏🃏🃏

– ¡Pero si no te gustaba nada y te cambiaste de trabajo varias veces en un ańo, que me acuerdo! ¿Quién te ha recomendado a ti? ..-

– Oye, tú no sabes lo de mi último trabajo.. ¡que hace mucho que no hablamos! –

– Ya, ya.. pero te sigo en Linkedin y he visto cómo has ido cambiando de uno a otro y lo comentabas por Facebook.. –

– Bueno, venga Nacho.. ¿destapas las cartas entonces o sigues sumando? –

– Tranquilo, voy a descartarme de estas cartas que tengo preparadas: aquí os dejo mis más de cien retuits y favoritos de la semana, y mi legión de seguidores en Twitter, con todos los comentarios positivos y memes a favor incluidos…

🌟🗣🎤🥇🏵📲💻👏👏🌟🃏🃏🃏

– ¡MentiRedoso! ¿Cómo nos lo pones tan fácil? Podrías haber dicho que te retuitearon más de 20 personas y habría colado, pero más de cien…

– Vale, tenía que echar el resto porque me íbais a descubrir las cartas echara lo que echara..-

– Pues te llevas de todo: los memes, tuits, los comentarios y seguidores, más las fotos de Instagram en la playa más cercana de nuestro Paco y el maravilloso trabajo de reponedor de Nacho, con sus falsas recomendaciones de contactos.. 😜

– ¡Oye, que sí que estuve en las Bahamas! 😎

– ¡Y yo trabajo de director financiero! 😄

– Ya.. bueno, para la semana que viene vamos a tener que chatear menos y no vernos hasta el mismo día de partida, para hacer más creíbles las mentiras, que empiezan a ser un poco exageradas.. –

– Hagamos recuento.. Bueno, bueno..  ¡Enhorabuena Lucía, nos has vuelto a ganar! Ya puedes ir llenando tu móvil y tu tablet de actualizaciones creíbles esta semana, porque el próximo finde no habrá piedad 😄

– ¡Un placer jugar con vosotros, nos vemos por las Redes! 🙋¡Hasta la semana que viene! –

– ¡Hasta pronto MentiReDosos! 👋🃏

© Jugadora1.

 

 

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