I-ntimidad.

Todos los días me preguntas qué estoy pensando.

Qué me gusta y qué no.

Quieres saber dónde estoy. Con exactitud, usando mi GPS.

Me invitas a que te indique, a cada paso, con quién o quienes comparto mi tiempo.

Que cuente al mundo entero todo lo que he hecho hoy. Lo que hice ayer.

Me pides un listado de amigos. Da igual que yo piense que, en realidad, amigos-amigos hay muy pocos y conocidos muchos más.

Eso da igual. Quieres la lista completa, actualizada y lo más amplia posible.

Y los comunes. Y los que salen en cada foto o vídeo. Y los amigos de esos amigos.

Me pides permiso constantemente para cotillear quiénes son mis contactos en mi teléfono. Yo te los busco y tú puedes nombrarlos, me dices, poniendo su nombre, su etiqueta.

Quieres también conocer qué aplicaciones tengo. Dónde estoy cuando las abro y las utilizo y mi dirección de e-mail en todas ellas como parte de un perfil.

Me preguntas cuál es mi estado actual, que te escriba una frase que lo resuma. Y una foto. No olvides tu foto de perfil – repites constantemente.

Y, cuando salgas de casa, usa siempre tu nueva tarjeta de transporte. Ya no sirven los antiguos títulos de transporte en papel sin identificación ni chip. Utiliza la nueva tarjeta electrónica.

Déjanos, así, ver dónde has ido, cuándo, qué día. Con tu localización siempre activada. Así, buena chica.

Me pides que grabe algunos vídeos contando cosas de mi. Más cosas de las que ya sabes con todas mis aplicaciones y mis historias. Con efectos divertidos. Divertidos – repites, mientras me los muestras.

O mejor, me propones, hazte un Selfie de cada momento que, yo lo sé, nunca los borras del todo. Aunque me digas que eliminaste mi cuenta, yo sé que los guardas para ti. Cada foto, cada frase o comentario, cada me gusta, cada movimiento.

No preguntes, no pienses cómo llegar. Utiliza nuestras aplicaciones para moverte por tu ciudad. No olvides activar tu localización (recuerda) y dejarla activada aunque no la estés utilizando.

Pregúntale a Siri que te busque lo que necesites -me insistes-. No busques. Deja que hagamos todo por ti.

Por ejemplo, puedes felicitar a todos tus amigos por su cumpleaños con nuestros vídeos y emoticonos. No es necesario que les llames, ni que intentes memorizar y recordar las fechas de cada uno. De eso nos encargamos nosotros.

A cambio, solo quiero saberlo todo de ti. Si tienes pareja, tu afiliación a algún partido, orientación sexual o preferencia religiosa.

Películas, libros, música preferida, quién te gusta y quién no, qué evento te interesa, dónde sueles veranear, si tienes hijos (con foto, por favor), si vas de fiesta o te quedas en casa, dónde vives y por qué zona sueles salir, qué viajes has hecho (tenemos una aplicación especial para que nos muestres todos los lugares donde has estado) y aquellos lugares donde te gustaría ir.

Recuerda que tu perfil solo está completo al 10%, así que no olvides contestar todas las preguntas y completarlo. Y sube una foto tuya. Siempre.

Queremos saber dónde estás hasta cuando no buscas nada ni haces nada.

Es por tu bien, por tu seguridad, por tu entretenimiento, por tu felicidad – me insistes- es fácil, intuitivo, moderno, rápido, sencillo, cool y divertido. Divertido -repites.

Porque, me adviertes, no hacer nada público durante unos minutos puede llevarte a lo peor: puede llevarte a pensar.

A leer. O a componer. Y aprender, viajar, o a disfrutar del aire libre, soñar despierto, besar y abrazar, querer a los demás, encontrar lo que buscabas o buscar la manera de encontrarlo.

Podría equivocarme una y otra vez y empezar de cero. Aprender a llorar una pérdida o celebrar un triunfo en privado y crecer con cada experiencia.

Llegaría a tener amigos, parejas, padres, sobrinos, nietos o hijos y podría quererles mucho sin hacerles fotos y hacerles fotos sin publicarlas.

O no tenerlos, o tener algunos si, otros no, e incluso ser feliz así, tal y como la vida me va viniendo.

Podría trabajar y estudiar mil cosas sin compartir mi rutina de estudio ni los sinsabores o gratificaciones del trabajo.

Tener hobbys, disfrutar con mis películas favoritas, leer mis libros, escuchar mi música y compartirla solo cuando quiero y con quien quiero.

Podría ser, incluso -me adviertes una vez más-, que te acostumbrases a guardar para ti misma lo que estás pensando, cómo te sientes, lo que te gusta y lo que no.

Pero te digo una cosa. Bien clara: mi estado personal es eso, personal, y mis historias son solo mías y de las personas que me conocen bien.

Mis fotos y vídeos son los que quiero guardar para mi.

Yo los recordaré cuando quiera, como recuerdo la fecha de cumpleaños de los que recuerdo como amigos y familia, incluso siendo capaz de saber quiénes son los comunes. Y, si me apuras, puedo recordar dónde estaba hace 2 ańos sin necesitar que me muestres un vídeo editado con cuatro fotos de aquellos tiempos.

¿Que cómo lo voy a hacer? Muy fácil: utilizando mi cerebro.

El mismo cuya mitad quieres que publique y, cuya otra, quieres desactivar poco a poco a fuerza de no utilizarla.

Pero no te voy a dejar. No os voy a dejar. A ninguno.

Escucharme bien: No acepto.

No voy a compartir contigo de esta forma Instagratuita mi día a día, no me Tuitees, no me conoces ni conoces mis rutinas, mi vida privada y mi intimidad.

No, no la vas a convertir en una I-ntimidad más de tantas porque, en mi vida, yo elijo dónde, cuándo y con quién sí Hay Intimidad.

© Jugadora1.

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La Rueda.

Corremos.

Trabajamos.

Comemos.

Seguimos trabajando.

Escuchamos poco. Contamos más.

Buscamos.

Deseamos cosas.

Soñamos despiertos.

Seguimos corriendo y comiendo.

Trabajamos todavía más.

Hablamos poco. Nos leemos más.

Buscamos lo rápido. Lo fácil. Al momento. Ya.

Desesperamos.

Respiramos. Nos resignamos.

Dormimos poco. Otra vez.

A veces, disfrutamos cada momento.

A veces, solo queremos parar.

Rueda la rueda de la semana: siguiente día.

Seguimos corriendo, trabajando y comiendo.

Deseamos más cosas.

Buscamos lo divertido. La risa fácil.

Conocemos muy poco a los demás.

Opinamos mucho. Sabemos muy poco de casi todo.

Dormimos un poco menos. Trabajamos un poco más.

Rueda la rueda, otro día más.

No tenemos mucho tiempo para nosotros.

Seguimos trabajando.

Nos cuidamos y cuidamos a los demás.

A veces, comemos peor.

A veces, cocinamos mejor.

Seguimos deseando cosas que no llegan.

Desesperamos.

Respiramos.

Nos centramos y disfrutamos con lo que hacemos.

Nos cuidamos nuevamente.

Soñamos con las vacaciones.

Paramos: fin de semana.

Apartamos un poco la omnipresente tecnología.

Tenemos nuestros momentos para nosotros.

Aprendemos cosas nuevas.

Miramos a los ojos: nos abrazamos.

Nos escuchamos.

Reímos mucho. Nos queremos más.

Lunes. Vuelta a empezar:

Rueda la rueda, rodará.

© Jugadora1.

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El regalo.

Siri, necesito urgentemente encontrar un regalo para mi, para subirme la moral después de esta semana de trabajo, de esta vida de estrés y rutina diaria.

Algo que me haga sentir bien cuando lo estrene.

Que me quite ańos y me aporte frescura.

Algo práctico pero elegante, que todo el mundo me mire deseando haberlo recibido.

Quiero un regalo único, distinto a lo que llevo a diario, a lo que se pone la gente.

Y sentirme querida, deseada y admirada a partes iguales cuando lo lleve.

Dejar de sentir ese vacío tras las compras, esa sensación de empacho instantáneo para después caer en la culpa sin remedio.

Un regalo que me acompańe cada día, del que nunca me canse.

Que sea difícil de encontrar y, a la vez, asequible en su precio.

O, mejor, que no tenga precio.

Eso, ¡quiero el mejor regalo que exista! ¿Dónde puedo encontrarlo?

……. ……. ……. ……. (procesando)

“Aquí tienes tu regalo”:

Y Siri se apagó, junto con el móvil al completo.

Miró hacia arriba. Fue un extrańo movimiento de cuello que hacía tiempo no realizaba, junto con un abrir de ojos y respirar aquel aire de primavera, sintiendo cómo entraba en sus pulmones mientras el sol le calentaba la cara.

Y, entonces, REspiró lentamente, con GAnas, deseando que ese instante durase para siempre y LO conservó en su interior para revivirlo las veces que quisiera, las que necesitara, tener el mejor Regalo del mundo.

© Jugadora1.

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Ya no me miras.

Ya no me miras.

Ya no quieres jugar conmigo. Ya no me buscas con tu mano, con la mirada y el corazón latiendo rápido si crees que no nos vamos a ver más.

Cuando me conociste se que sentiste un flechazo al verme. Podías tener al que quisieras, y me elegiste sin dudarlo desde la primera vez que nos vimos.

Según te iba conociendo a cada paso, podía casi adivinar todos tus pensamientos, tus deseos más inmediatos y hacía por ti cualquier cosa que tú me pidieras: te ayudaba con tu trabajo entre semana, te recordaba los recados que tenías pendientes, las llamadas que tenías que devolver, las fechas que no podías olvidar. Éramos un buen equipo estando juntos.

Yo te enseñé cómo moverte por la ciudad que apenas conocías, te iba llevando a los mejores sitios para comer y tomar algo, te compraba las entradas para los espectáculos que más te gustaban, ¿te acuerdas?.

Paseábamos siempre cogidos de la mano, no podías evitar separarte de mí ni un instante. Incluso cuando quedabas con tus amigos en aquel bar, extrañabas tanto mi presencia, que utilizabas cualquier excusa para volver a verme.

Si te notaba triste, te recomendaba alguna canción para animarte. Leíamos juntos las noticias, las últimas tendencias, te mostraba los vídeos más divertidos y escuchaba tu risa mientras se los mandabas a tus amigos.

Recuerdo cómo me buscabas a altas horas de la noche para seguir jugando juntos, para ver nuestras fotos o escuchar música hasta quedarnos dormidos uno al lado del otro. Cómo añoro sentir tus dedos acariciándome, tu respiración tan cerca cuando hablabas.

Dices que necesitas libertad, que no quieres depender de mí. Mirar a los ojos a la gente, escuchar la vida a tu alrededor, dejar de jugar para observar los paisajes a través del cristal en los trayectos a casa, respirar aire puro en la montaña sin sentir mi constante presencia, dijiste.

Te escuché contárselo a tus amigos hace unas semanas. Ellos, incrédulos, no entendían cómo podías dejarme así. No te creyeron, se rieron cuando tú insististe en que lo ibas a hacer.

Yo tampoco te entendí, después de todo lo que hice por ti. Me sentí utilizado. Y te mentí: vibré un par de veces sin motivo, te hice creer que tenías un correo del trabajo e incluso insinué que te llamaba tu madre con su canción, la que tú asignaste a su llamada. Solo para que me miraras una vez más.

Pero ya era tarde. Me apagaste aquella noche y me dejaste abandonado en tu mesilla, con todos tus recuerdos archivados en mi memoria, sin poder borrarlos. Sin querer borrarlos.

A veces no puedo evitar mirar tus fotos, leo tus correos y te mando notificaciones de mensajes de esos amigos incrédulos como yo, para cuando vuelvas a mi lado. Porque sé que lo harás. Que volverás a sentir que no puedes estar sin mí. Tu mano irá a  buscarme y tu corazón latirá de nuevo ansioso cuando creas que me hayas perdido.

Y yo, lo sabes, te estaré esperando. Aunque ya no me mires.

Aunque prefieras disfrutar de cada momento de tu vida.

© Jugadora1.

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Ya No somos InvisiblAS.

De pequeña, soñaba con poder llegar a ser cualquier carta, la que me propusiera: un 8 de Picas, un 9 de Rombos, el 10 de Tréboles…

Imaginaba que usaba mi fuerza para luchar con mi espada, mi inteligencia para realizar difíciles cálculos de trigonometría o que realizaría importantes descubrimientos en la medicina que cambiarían la suerte de tantas y tantas otras cartas.

Pero no sé por qué, siempre acababa disfrazada de princesa de corazones esperando mi Rey para formar pareja de Reyes de Corazones y ganar todas las partidas.

Empezaría, me decían, siendo un 2, o un 3.. pero, si era buena carta y seguía bien las reglas del juego, podría llegar a ser una auténtica Reina de corazones, con mi corona y mi ramo de flores.

– ¡¿Qué?!, ¿Una Reina de Corazones?, prefiero que me corten la cabeza! – pensaba – debe ser muy aburrido ser solo Reina de Corazones. Yo, realmente, prefería ser cualquier otra carta de cualquier otro palo.

Y es que, desde jóvenes, las cartas de Corazones teníamos que estar, casi siempre, disponibles para los demás: organizando y limpiando la baraja, equilibrando los montones de cartas en el tablero, procurando que el resto de cartas tuvieran de todo y, a la vez, siempre relucientes con nuestro impecable maquillaje rojizo y esas insinuantes formas redondas que, nos decían, no podían ser ni muy grandes ni muy delgadas, cada corazón en su justo trazado.

En cuanto salías de la caja y te alejabas un poco de la baraja, ya eras blanco absoluto de las miradas del resto de naipes: no podías hacer ni un juego tranquila sin que pintaran bastos y algún 6 de Picas o un 7 de Tréboles venidos a más quisieran formar Pareja, Tríos o Dobles Pareja contigo en cada partida.

Y, mucho cuidado a la hora de elegir Pareja en tu juego, tenías que asegurarte que la elección era la correcta, pues un cambio natural de Pareja a mitad del juego podía suponer algo peor que quedarte con el corazón roto en el peor de los casos que, por desgracia, ocurría más a menudo de lo que deseábamos.

Por esas razones y, porque no me sentía identificada con un solo palo o color, yo sentía que me faltaba algo. Que podía ser mucho más que una carta bonita de corazones esperando un futuro mejor.

Algunas de nosotras conseguíamos llegar a trabajar entre Tréboles, Picas y Rombos a fuerza de mucho estudio y esfuerzo pero, no podíamos evitarlo, la burla era constante, el desprecio casi rutinario. Nos llamaban de forma habitual “el Comodín” y nos dibujaban un bufón en nuestra carta, para que todos supieran que no éramos como ellos, que solo nos hacíamos pasar por lo que no éramos en aquel juego de llegar a ser iguales.

Era difícil pero, con el paso del tiempo, más cartas empezaron a sentir que esto no podía seguir así y comenzaron a levantarse, unirse y formar grandes escaleras de color, escaleras Reales que avanzaban y ganaban puntos y partidas para poder ocupar puestos relevantes en diversos palos.

Mirábamos al frente y formábamos un castillo de naipes que cada vez llegaba más alto. No nos doblábamos ni arrugábamos ante la menor amenaza de soplarnos y hacernos caer o la sospecha constante de haber hecho trampas hasta llegar allí arriba.

Demostrábamos, con nuestro ejemplo, que los Corazones podían ser tan fuertes y trabajar tan duro como cualquier Pica policía, militar o bombero; capaces de investigar en grandes ingenierías y aprender tan rápido como sus eminencias los Rombos o, por otra parte, ayudar a los demás a través de disciplinas tan complejas como la medicina o la neurociencia, como hacían los Tréboles.

Pero, pasado un tiempo y estando bastante “integradas” en la baraja, pronto comprendimos que no importaban los años de aprendizaje atrás, ni las cualidades que una demostrara tener: nunca conseguíamos siquiera pasar del 5 o el 6 a lo sumo en la escalera. Del 7 en adelante, les estaba reservado exclusivamente a ellos, los barones, los señores del juego y Reyes de la baraja.

Nosotras, aunque no lo mostraran abiertamente, siempre estábamos consideradas “del montón”: les servíamos en la mayoría de casos “para robar” si a alguien le faltaba una carta bonita en su juego con la que completar algún Póker o algún Full de señores trajeados.

Alguna vez, si una carta de corazones conseguía llegar a Reina de otro palo, fuera cual fuera, toda la baraja murmuraba que “habría tenido buena mano..”. No había lugar para el esfuerzo propio y merecido si habías nacido en el palo “equivocado”.

Aún en el mejor de los casos, que tu trabajo fuera valorado como se merecía por toda la baraja de forma unánime, nadie sospechaba que habías tenido que sumar más puntos y demostrar más valía que cualquier otra carta de otro palo.

Hartos de escuchar nuestras sentidas quejas, un día los Reyes de la baraja se juntaron y acordaron celebrar un día dedicado a nosotras: el “Día de los Corazones”, lo llamaron.

Durante ese día, las celebraciones se sucedían por todas las partidas y todas las mesas se llenaban de Corazones, y se construían Escaleras de Color que subían grandes verdades en pancartas de color rojo. Todos dejaban, durante ese día, que ellas hablaran y hablaran, asintiendo conformes al unísono a todo lo que se decía, sin objeción alguna.

Pero, qué desilusión, terminadas las celebraciones, el rojo se volvía negro y todo volvía a la normalidad: el juego no cambiaba sus tradicionales reglas y cada naipe volvía a su lugar y estatus correspondiente.

Parecía que aquello no iba a dar marcha atrás, que todo quedaría igual que lo vivieron nuestras bisabuelas, abuelas y madres antes que nosotras. Hasta que sucedió algo inesperado: un día, todas las cartas ninguneadas y reducidas a la mínima expresión, aquellas que contaban con 1 punto solo, hartas de su situación, se unieron y decidieron dejar de servir de enlace para el resto de números de la baraja: ni el 2, ni el 3, ni el 4, 5, 6… podrían llegar nunca a ser un 10 o vivir como un Rey sin el 1 presente para hacer Escalera Real o Póker.

No aceptarían ninguna mano, por buena que pudiera parecer, y no necesitarían de ningún farol para tener luz propia. Y, es así, como empezaron a darse cuenta de su importancia: sin 1, no habría juego porque lo eran todo para todos.

Porque detrás de cada carta relegada a ser de Corazones había un AS que sumaba muchos más puntos a cada partida de lo que podían admitir. Y, unidos todos los 1, podían llegar a formar un imbatible e inigualable Póker de Ases.

Y llegará ese día en que los unos y los otros, las unas y las otras, podamos ser lo que queramos ser si nos dejan ser y jugar en igualdad.

Porque ya No somos un AS escondido en la manga de nadie.

Ya No somos UNa más, ya No somos invisiblAS.

© Jugadora1.

PD: esta entrada está dedicada a mi bisabuela, mi abuela, mi madre, mis cuñadas y mis amigas, mis profesoras, mis compañeras, mis cómplices en esta lucha diaria y a todas las mujeres maravillosAS que han luchado a lo largo de la historia por ser parte de ella y a las que siguen-seguimos luchando por dejar de ser InvisiblAS.

Y a Laura, otra gran y luchadora mujer, que me dio la idea para escribir esta entrada.

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¡MentiReDoso! 

 

– Bueno, hoy me toca empezar a mi: tengo por aquí una casa fabulosa, de casi 200 m2, que me compré hace poco, con dos garajes, piscina, cuatro dormitorios y un maravilloso vestidor de madera que ha añadido y construído mi propio marido.

🏡🏊‍♀️🚘👗👙👠👢👒👛👡👜🃏🃏🃏

– ¡Empiezas fuerte Lucía! Con todo lo que has puesto sobre la mesa, no te debe haber quedado mucho por poner.. bueno, vale, haré como que me lo creo y saco todas estas fotos de mis maravillosos hijos, que ya os digo yo lo guapísimos, estudiosos y deportistas que son.. ah! y un par de fotos de salidas divertidísimas con muchísimos amigos..

👨‍👧‍👦🏄🏄‍♀️🈲📚🍻🍤🍳🕺🏾💃🃏🃏🃏

– ¡MentiRedoso! Anda, Paco, recoge la casa, el vestidor, las fotos de los peques y los cuatro amigos que son de verdad, junto con los filtros sepia otońales, la aplicación que utilizaste para que parezca todo más brillante y ese par de emoticonos sonrientes que ańadiste a tu publicación.. –

– ¿Seguimos jugando? ¡Venga, empiezo yo esta vez! Pongo mi moto recién comprada y una conversación fantástica que tuve el otro día con la mujer guapísima del departamento de ventas que os comenté..

🛵🌟👩‍⚖️💃💕🍴🍷🥗🃏🃏🃏

– Umm.. bueno Nacho, no me lo creo del todo pero lo dejo pasar, que quiero descargarme estas cartas..

Yo echo mi última y exitosa actualización del Whatsapp de mi pericia con el yoga con el paisaje de paz y montańas de fondo.. ¡con sus más de 50 visitas y 26 comentarios positivos!

🙏🙆🌺🌸🌼🌳🦋☀️⛺️🏔🃏🃏🃏🃏

– ¡MentiRedosa! Ese finde Lucía estuvimos todos juntos, lo recuerdo, y lo más cerca de hacer yoga que creo que has estado es cuando alcanzas las cacerolas de la estantería superior de la cocina.. ¿de dónde sacaste esa foto? .. mira, mejor no me lo digas, recoge la actualización, las visitas y los comentarios.. –

– También se lleva mi moto.. –

– ¡Cierto! La puedes vender, Lucía que eso se te da bien 😄😄 Y la conversación ficticia de nuestro Nacho con la compańera del trabajo súmala también a tus cartas..-

– Oye, ¡que eso fue real! –

– Bueno, bueno Nacho.. ¡luego nos lo cuentas!

Venga, vamos a continuar la partida: yo, por mi parte, echo un par de fotos que tengo recién publicadas y un vídeo del Instagram de esta semana posando relajadísimo y feliz junto a la piscina del hotelazo en el que estuvimos en las Bahamas..

☀️🏢🌄🏝🏄🏊💦😎🍹🍹🃏🃏🃏🃏

– Ummm.. no sé, no sé..

Paco, mira que eso no parecen las Bahamas, me recuerda a la playa del pueblo de tu suegra, y ni siquiera creo que estuvieras tan relajado allí si te fuiste con tus peques, pero bueno… yo sumo mi último y maravilloso trabajo y todas las recomendaciones, que son muchas, de mis jefes y compańeros en Linkedin..

👨‍⚖️😎💼🏆🏵📈🌟👏👏🃏🃏🃏🃏

– ¡Pero si no te gustaba nada y te cambiaste de trabajo varias veces en un ańo, que me acuerdo! ¿Quién te ha recomendado a ti? ..-

– Oye, tú no sabes lo de mi último trabajo.. ¡que hace mucho que no hablamos! –

– Ya, ya.. pero te sigo en Linkedin y he visto cómo has ido cambiando de uno a otro y lo comentabas por Facebook.. –

– Bueno, venga Nacho.. ¿destapas las cartas entonces o sigues sumando? –

– Tranquilo, voy a descartarme de estas cartas que tengo preparadas: aquí os dejo mis más de cien retuits y favoritos de la semana, y mi legión de seguidores en Twitter, con todos los comentarios positivos y memes a favor incluidos…

🌟🗣🎤🥇🏵📲💻👏👏🌟🃏🃏🃏

– ¡MentiRedoso! ¿Cómo nos lo pones tan fácil? Podrías haber dicho que te retuitearon más de 20 personas y habría colado, pero más de cien…

– Vale, tenía que echar el resto porque me íbais a descubrir las cartas echara lo que echara..-

– Pues te llevas de todo: los memes, tuits, los comentarios y seguidores, más las fotos de Instagram en la playa más cercana de nuestro Paco y el maravilloso trabajo de reponedor de Nacho, con sus falsas recomendaciones de contactos.. 😜

– ¡Oye, que sí que estuve en las Bahamas! 😎

– ¡Y yo trabajo de director financiero! 😄

– Ya.. bueno, para la semana que viene vamos a tener que chatear menos y no vernos hasta el mismo día de partida, para hacer más creíbles las mentiras, que empiezan a ser un poco exageradas.. –

– Hagamos recuento.. Bueno, bueno..  ¡Enhorabuena Lucía, nos has vuelto a ganar! Ya puedes ir llenando tu móvil y tu tablet de actualizaciones creíbles esta semana, porque el próximo finde no habrá piedad 😄

– ¡Un placer jugar con vosotros, nos vemos por las Redes! 🙋¡Hasta la semana que viene! –

– ¡Hasta pronto MentiReDosos! 👋🃏

© Jugadora1.

 

 

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Cupcakes.

Imagina un mundo en el que las pastelerías solo te ofrecieran cupcakes.

Solo.

Nada de tartas, ni hojaldres, ni palmeras, croissants, pastelitos, etc. Solo cupcakes.

A todas horas, la misma magdalena con los mismos ingredientes, con ligeras variaciones en su cobertura, muy vistosa siempre, colorida y atractiva, para que al comerlos te sientas satisfecho y no te preguntes nunca si hay algo más, algo mejor…

Imagina que solo unos pocos saben de repostería y te venden muffins como si fueran tartas elaboradas, ganando muchísimo dinero sin apenas esfuerzo de elaboración pero que tu paladar, por no haber probado casi nada más, ni siquiera imagine que haya vida más allá de ese atractivo cupcake de la semana.

El cupcake rojo es el nuevo rosa y el rosa de la semana que viene es el nuevo rojo y así sucesivamente.

Pues esto pasa a diario con la música pop más comercial: cuatro mismos acordes básicos sustentan la armonía del 99% de las canciones; casi siempre un mismo compás, el 4/4; unas pocas tonalidades mayores fácilmente asequibles, que el oído humano recuerde y cante con facilidad, añadimos unas letras facilonas, que un nińo de 6 ańos pueda recordar y … listo! El cupcake musical de la semana entrando en la lista de los 40 Iguales.

Anímate a No subir la radio, olvida esas letras machistas de Malas mujeres y escucha otros estilos, otras músicas: existen más compositores, más obras, más ritmos y más compases que los de la música pop y electrónica de la radio y los festivales.

Y, por qué no, aprende música.

Verás cómo tu mente se ensancha y descubres una nueva dimensión, una nueva forma de escuchar y sentir la vida, disfrutando de la música por completo.

© Jugadora1.

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El Juego del Verano.

 

Venga, pruébalo. Es fácil.

Deja tu cuerpo y tu mente en blanco, liberados de toda presión laboral, sentimental o familiar y descárgate en tu cerebro unas sencillas instrucciones para disfrutar del juego, de cada veraniega partida.

Primera regla: deja de pensar en el tablero que has utilizado todo el año.

Quizás pasaste el año haciendo acopio de nuevas calles, hoteles, casitas o eléctricas.

Quizás sumaste nuevos integrantes a tu auto familiar o recorriste menos casillas de las que quisieras.

Da igual. Deja de seguir levantando cartas de la suerte y tirando los dados.

El cubilete y el móvil a un lado. Tu cuerpo a otro, preferiblemente bien lejos y en silencio.

Deja de repasar cada jugada anterior, de hacer balance de la partida.

Lo que pasó, pasó. Déjalo estar.

Segunda regla: la banca siempre gana.

No, aunque creas que todo vale en este refrescante y pasajero juego, no es así.

El dinero de las salidas, hoteles, regalos o caprichos no vuelve, no se reintegra al finalizar el juego.

Gastar un poco más, regalarse momentos diferentes es estupendo y necesario, pero siempre sabiendo distinguir la realidad del mero placer de jugar al verano.

Tercera regla: sé feliz tal como eres.

No te has podido ir de vacaciones o estás en el pueblo mojándote los pies en la única piscina que hay mientras tus amigos publican sus fotos de sus maravillosas escapadas exóticas, llenas de aventuras y selfies felices entre amigos.

Y qué.

No tienes ese cuerpo que te venden en todas partes. Te está pequeña la falda del verano pasado. Te sientes hinchada con este calor.

Y qué.

No has subido fotos de tu pareja y/o tus maravillosos pequeños o tus compis de buceo porque no tienes ni uno ni otro, o solo uno sin lo otro porque no llega, no se puede o no se quiere.

Y qué.

No tienes 20 ańos y lo notas. Miras a la gente más joven y te preguntas en qué momento dejaste de tener esa edad y empezar a ver la vida desde otra perspectiva.

Y qué. No te importa, no debe importarte ni en este ni en posteriores juegos.

Última regla: disfruta.

Este juego, como la vida, es corto y se hace aún más corto con los años.

Disfruta del sol, del calor o el frío, de la playa, piscina, ducha o bañera, la montaña, el parque o el atracón de series en tu salón.

De la brisa, las cańas o el helado de merienda.

Vuelve a leer. Activa tu mente más creativa: escribe, pinta, canta, haz castillos en el aire que alberguen tus sueños.

No hace falta irse lejos para jugar, aunque una breve escapada, por pequeña que sea, activa la carta de intensidad a cada jugada.

Vena, pruébalo. No es difícil.

Vive cada día como si fuera Verano.

© Jugadora1.

 

 
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A contratiempo.

Tiempo de mirar, de buscar la llamada, la alarma, la seńal de tu llegada.

Tiempo de agachar la cabeza, mirar de soslayo mientras busco, leo, escribo y pienso en lo que estás tardando en llegar.

Tiempo de no pensar en nada concreto y pensar en todo lo que ves sin asimilar nada.

Tiempo de rapidez, de notificaciones unas sobre otras, de no terminar de escribir una cosa y estar leyendo otra que acaba de llegar.

Tiempo de no ver más allá de lo que quieren que veamos, de teclear sin pensar, de borrar poco y enviar mucho sin casi discriminación.

Tiempo de vestir nuestras mejores galas pase lo que pase, de no sentir más allá de lo permitido, del barniz y el filtro brillante.

Tiempo de mostrar cada paso, de callar lo auténtico y adorar lo superficial.

Tiempo de no tener tiempo para nada y perder tiempo en todo menos en dedicar tu tiempo a tu vida real.

Tiempo de ir en contra, de hablar más y chatear menos. Tiempo de mirarse, tocarse, escucharse y volverse a ver.

Tiempo de esperar un tiempo y entrar justo después, ya empezado el juego, para coger la baraja de tus días, para pensar la mejor jugada con calma, ajeno a la urgencia, atendiendo a lo importante.

Tiempo de recuperar tu tiempo, de respirar y darle valor a cada paso. De vivir tu vida activando el resto de sentidos, agazapados e inutilizados tras la reina vista y el rey oído.

Tiempo de vivir, de reir, sentir.. de ir, siempre, a contratiempo.

© Jugadora1.


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Lugares comunes.

Nuevo día, nueva oportunidad de reinventar tu vida. De probar nuevas formas, nuevos caminos.

Abre tu mente, busca el camino más largo, la respuesta más alejada del “bien”, “bueno” o el “ahí estamos”.

Apaga el piloto automático y agarra con fuerza los mandos de tu día a día.

Configura otras alternativas al “me gusta”, “mola”, “está guay”. Seguro que se te ocurren nuevas formas de expresar lo que sientes, lo que piensas.

Solo necesitas intentarlo, pararte unos segundos antes de darle al botón azul o al corazón rojo y escribir desde dentro. No más “estás guapísima”, “un besazo”, o “me encanta”.

Busca otras maneras, pinta de otros colores tu vida y prueba a combinarlos de distintas formas.

Aléjate de estereotipos, de supersticiones y celebraciones populares y crea las tuyas propias. No todo es llegar y “besar el santo”, si madrugas “Dios te ayuda”, tirando la moneda en la fuente llegará el amor y si tocas el pie de David Hume antes de un examen te hará aprobarlo.

Lo sé. Pensar requiere más  esfuerzo, más tiempo, más energías. Y no tienes muchas cuando vas de un lado a otro, trabajando, estudiando, comprando.. en esos trayectos y esas rutinas solo hay espacio para la inmediatez, la carga del vídeo instantánea, el Whatsapp a tres bandas llenos de emoticonos, para el Me gusta y el RT casi indiscriminado y el resumen de los 10 principales hashtag del día.

Subimos la foto del momento feliz y gastamos tiempo en ponerle el mejor filtro o pensar en un comentario ingenioso y no lo utilizamos en ser originales de verdad, ser auténticos en nuestro cariño y nuestra realidad. Mostrar poco, filtrar menos y valorar más con el corazón a las personas.

Reinventa tu día, añade nuevas reglas a tu juego, nuevas fichas y movimientos.

No elijas moverte por las casillas de moda, por ahí siempre irás más “despacito”, cuando puedes tirar los dados con fuerza y hacer funcionar tu cerebro al máximo en todos los ámbitos.

Escribe, buscar nuevas canciones que escuchar, nuevas formas de contestar, de comentar, de hablar. Da un salto desde el centro del tablero, donde van a parar todos los jugadores cuando no saben cómo moverse: ese “no, lo siguiente”, “vale”, “ok”, “hablamos”, “ya nos veremos”, “tenemos que quedar”… y marca tú las directrices y dimensiones de tu nueva casilla, aquella de la cual solo sale o entra lo que tú elijas que para ti, no lo que otros te impongan porque todo el mundo lo haga o diga así.

Pasea por las afueras de la ciudad en navidad, evita los centros comerciales en rebajas, no regales cosas materiales en el día de la madre, del padre, de los enamorados, hazlo otro día y de verdad, porque te apetece.

Olvida los “nos tomamos unas cañas”, “me debes un café”, “al mal tiempo buena cara” y “no hay mal que por bien no venga”. Cámbialo por otras frases, otras formas de quedar con tus amigos, de sentirte bien, de vivir.

No hagas un remake de la vida de los demás. Tú tienes la tuya propia. Con sus luces y sus sombras sin filtrar, con los caminos que eliges y otros que dejaste atrás, con lo que realmente te gusta y lo que no. No copies lo que hacen otros, no cuentes seguidores ni parpadeos en el móvil, cuenta cada instante de tu vida, cuenta cada momento que decides ser tú y llevar tu propio rumbo.

Construye, arma y desarma a tu antojo. Deja el móvil más cerrado y tu mente más abierta.

Es fácil. Solo tienes que abrir bien el tablero, pararte a pensar qué es lo que realmente te gusta y quieres hacer con tu vida y dibujar nuevas casillas de las que salir, a las que llegar.

Aparta ese cubilete en forma de móvil o televisión y tira tus dados de nuevo con fuerza desde tus pensamientos, tus deseos y tu corazón, evitando caer en aquellos lugares donde acaba la creatividad y comienza la rutina, donde van a parar todos por inercia, por puro cansancio o porque no saben cómo salir de ellos.

Crea tu propio camino, píntalo a tu gusto y lleva a tu mente a vivir a las afueras, bien lejos de los lugares comunes.

© Jugadora1.

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