Reglas.

Tengo una Regla en mi juego que todo lo desarregla, lo desequilibra y trastorna.

Esta Regla, mi Regla, es común a todas los que vivimos Vidas que yo llamo Regladas, en permanente atención a cada ciclo, etapa y curso cambiante.

A veces, más doloroso es el camino; otras, un poco menos y, esos comodines de analgésicos, apenas allanan los numerosos baches de cada jugada.

La única Regla en mi juego, durante esos días, es la Regla misma: solo existe ella y su imperante necesidad de parar el mundo, de dejar en pausa todo tu juego.

Lo intentará de todas las maneras posibles, atacando tu cuerpo y mente desde todos los puntos posibles. No parará hasta que tú, agotada, pares.

Porque, aplicando sus Reglas, todo en esos días parece ralentizarse e ir perdiendo velocidad hasta que no puedes seguir tirando ni sumando puntos por más que lo intentes.

Y te haces a un lado.

Cualquier movimiento habitual que, en otros días, de tan rápido y automático ni lo notas, se convierte de pronto en todo un alarde de coordinación e ingenio de todo tu cuerpo con una cortina constante de dolor de fondo.

Y, en este juego en pausa de Regla, no puedes pensar con claridad, ni decidir ni avanzar. Te mueves entre la inercia y tu versión a medio gas para intentar seguir con tu juego como si no hubiera Reglas, como si estuvieras libre de ellas o vivieras la Vida No Reglada de tantos otros.

En la Vida No Reglada, paralela a tu juego condicionado de cada mes, no entienden a qué viene tanto alboroto por una única Regla.

Por qué paras, por qué te quejas en cada jugada o pareces estar agotada tras cada punto.

Y ellos siguen, avanzando, mientras tú callas, sonríes y finges que no te afecta tanto como lo hace, que no te remueve todo el juego.

Pero no es así.

Tengo una Regla que todo lo trastorna, descompone y desarregla.

Cuando creo haberte perdido de vista, cuando empiezo a disfrutar de tu distancia y te recuerdo desde la lejanía, es justo cuando vuelves para recordarme que sigues ahí, latente, autoinvitada a mi juego para cambiarme las reglas y mostrarme tus cartas, de nuevo, otro mes.

Esperando estoy el momento del juego en que viva, al fin, sin ella.

Liberada de su permanente presencia amenazadora en el calendario de mis días y su poderosa forma de paralizar cualquier jugada y convertirla en Su jugada, en su momento de gloria y lucimiento a mi costa.

Porque, a cada juego que yo avanzo, escúchame bien, tú retrocedes una casilla, hasta llegar a ese momento del juego en que las únicas Reglas que tenga vengan marcadas, como siempre, por el destino, el camino y la suerte.

La suerte de no volver a tenerte. De arReglármelas muy bien sin ti, sin tus Reglas.

© Jugadora1.

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