Nubes.

Abuelo, no quiero jugar a este juego.

No quiero. Nunca.

Juguemos a cualquier otro juego. Qué tal una partida de dominó. Como cuando íbamos a verte los domingos o sábados.

Quiero que nos ganes como siempre haces y nos des una lección como nos las has dado en tantas ocasiones y de tantas maneras.

No quiero que te vayas, no quiero perderte.

En este juego en el que no se actualiza nuestra última versión y no hay lugar para renovaciones, todos son recuerdos que quedan en una nube. En nuestra nube.

En la nube de la memoria de tantas y tantas personas cuyo corazón has tocado en estos 97 años que la vida te ha dado.

No han sido fáciles. Tu vida ha tenido momentos muy duros pero, a su vez, grandes personas que te han cuidado y que te han querido: tu mujer, que se ha desvivido por ti, como así lo han hecho tu hija y tu hijo (otro regalo que te ha dado la vida que no esperabas, un hijo que te quiere y te admira sin ser hijo de sangre, pero si hijo de corazón como el que más).

Todos te queremos muchísimo pero, por encima de nuestro amor hacia ti, siempre ha existido un sentimiento unánime: nuestra admiración hacia ti.

Hacia tu personalidad, tu inteligencia y tu fuerza mental y física, rozando en muchas ocasiones lo sobrehumano, que nos ha dejado a todos sin palabras.

Sobre todo en estos últimos dos ańos, cuando nos preguntaban “qué tal está José”.

José.. José es Muy Grande. No lo puedes imaginar.

Operaciones, transfusiones, anestesia, ingresos.. con tus ya 95 y 96 cumplidos, hemos sido testigos de cómo tu cuerpo y tu cabeza luchaba contra todas las embestidas de ese toro llamado edad y lo cogías por los cuernos, lo volteabas y salías por la puerta grande del quirófano y del hospital con una sonrisa, dejándonos a todos atónitos a tu alrededor.

97 años.

De ilusiones, como tú siempre has dicho, de conservar y buscar nuevas ilusiones porque la vida no es fácil y cambian tanto los paisajes y las circunstancias que uno debe tener siempre consigo un buen puñadito de ilusiones a las que aferrarse y con las que construirse la propia felicidad.

Tú nos lo has dicho: con ilusiones, se vive más feliz.

Has sido un privilegiado en muchos aspectos, no lo neguemos (tu salud apenas ha dado muestras de flaquear hasta ya muy mayor), pero también lo has trabajado mucho (cuidándote, haciendo ejercicio físico y mental a diario sin dejarlo un solo día) y, a su vez, has podido disfrutar de tener a tu lado hijos, nietos y conocer un poquito a tus bisnietos.

Es importante que no lo olvidemos, tú nos lo has enseńado bien, que la genética no es la única que manda y que detrás de cada café, cada brindis y cada sonrisa hay un trabajo vital:

Para no perder la cordura, en muchas ocasiones, para seguir adelante, en otras y, siempre, para ser feliz con lo que se tiene.

Esa ha sido siempre tu lucha: mantener tu cuerpo y tu mente activos, sin perder tu gran sentido del humor.

Muchísimas personas te quieren. Muchísimas. Yo diría que todas las que te han conocido.

Porque no quererte era imposible.

Y a mi, como nieta privilegiada de un súperabuelo como tú, me parece un Regalo con mayúsculas el haberte disfrutado, haber sido testigo de tu persona y de una parte importante que hemos caminado juntos por este maravilloso juego que es la vida y habernos querido de la manera tan bonita como lo hemos hecho.

Un Regalo, sí. En el sentido más grande y completo de la palabra.

Y no quiero que te vayas. No quiero jugar. No quiero.

Ya lo sé, abuelo. La vida ya me ha enseñado varias veces que no es un juego infinito.

Pero a todo el mundo le llega. Todo el mundo lo aprende: nada es para siempre y siempre queda lo que uno ha amado y por lo que ha luchado.

Y, en mi nube, siempre estarás tú.

Siempre estará tu risa, tu carácter y tu amabilidad.

Tu enorme fuerza. Tu gran inteligencia, tu amplia cultura y tus ganas de aprender.

Tu saber estar, siempre, pasara lo que pasara. Tu amor hacia nosotros. Tu alegría.

En nuestras nubes se conservarán para siempre. Para guiarnos y sacarnos una sonrisa al recordarte.

Para recordarnos que hay vidas en este mundo que valen por muchas vidas y que uno puede encontrarse con que tiene, en su abuelo, a uno de los más Grandes.

Grande. Enorme. Como la Nube en la que guardo todo lo que tú me has dado en mi mente, mi corazón y mi vida.

Te quiero.

Tu nieta.

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