Viajar para no Viejar.

Vieja y Viaje tienen un solo cambio en su camino: la Edad que se impone a cada ańo se desplaza al final para convertirse en nuevas Experiencias por vivir y la Ańoranza del pasado se mueve dos letras por delante en busca de Aventuras. 

Viajar es un lanzamiento de dados con el cubilete lleno de ganas por agitar nuestro micromundo de jugadas rutinarias y sacar seises de aire limpio y bellos atatdeceres.

Porque cuando viajamos, estamos en constante confrontación con nosotros, con nuestro mundo más cercano y costumbres aprendidas. Nuestra vida hasta ese momento, cabe en una maleta de recuerdos que parecen revelarse y mostrarse a cada paso.

En un solo gesto (respirando en la montańa, en cualquier playa observando el mar, cerveza en mano en aquella taberna de la plaza del Ayuntamiento..) podemos sentir cómo sumamos puntos de sabiduría y ganas de vivir en menos de veinticuatro horas de viaje.

 Mantener esta sensación cuando volvemos del viaje es un nuevo juego, un reto que nos depara, inevitable, la vuelta a nuestras vidas. 

Porque todo viaje se compone de tres en realidad: el que deseamos hacer, imaginamos y organizamos en nuestra mente, en las búsquedas de destinos, lugares con encanto, listas de cosas imprescindibles por ver, etc; 

El segundo, el viaje en si mismo. Los dados que giran, las casillas que recorremos, la gente, los paisajes, formas de vida, de respirar; y, por último, el tercer viaje que no es menos importante: el recuerdo. Todo lo que rememoramos, las anécdotas, el sabor de aquella playa pegado a nuestra piel, la alegría de la gente de aquel pueblo agarrado a nuestro corazón, las historias detrás de cada piedra, muralla y puerta que abrieron nuestra mente.

Viajar nos agranda la empatía y las gafas con que etiquetamos el mundo y a los demás. Nuestro mundo de alegrías o preocupaciones diarias, de la casa al trabajo y del cine a las cańas se hace pequeńo, como lo somos nosotros al murarnos en el espejo del mundo donde vivimos.

Y, aunque siempre hay mucho más allá por descubrir de lo que imaginamos, realmente no hace falta irse lejos. Basta con salir de la “comarca” y conocer otros pueblos, otras ciudades. Ni siquiera es preciso irse a otro país, en el tuyo propio encuentras una heterogeneidad tan grande de costumbres, gentes, sabores y formas de vivir que cualquier paso más allá de nuestra cotidianeidad ya es un gran aprendizaje.

Y, un secreto: cuantas más veces tiramos los dados y sumamos casillas lejos de “casa”, menos arrugas salen en nuestro corazón, porque sacudimos las rutinas, aireamos nuestra edad mental y dejamos simplemente de Viejar día tras día haciendo casi las mismas cosas. 

Levántate. Sin miedos. Sin excusas. Camina. Abre bien los ojos. Aprovecha cada día que puedas y prepárate a conocer nuevos lugares, escuchar y aprender de tras personas, probar nuevas experiencias y, lo más importante, a Viajar para no Viejar antes de tiempo. 

 © Jugadora1.

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