Amistad Naval.

Al principio todo era agua alrededor. Eras incapaz de ver y buscar más allá. Solo mirabas a través del cristal de lo esperado y conocido: tecleando rápido, compartiendo fotos o vídeos y leyendo los comentarios cómodamente sentado en el puente de mando. 

Cegado por el reflejo de lo que podías vislumbrar desde la comodidad de tu barco de cristal, a lo lejos, pensaste que sería fácil saber quién soy, apuntando en la distancia: A2.. agua…B3… agua…C4.. agua…

Al fin, levantaste los ojos de la pantalla, encendiste motores y te decidiste a jugar. Cuatro pasos certeros: E3, E4, E5, E6 y un Portaaviones enorme que no te costó apenas encontrar.

Levantado del sillón, con el timón entre manos y navegando por aquel océano de aguas infinitas y tesoros escondidos, podías avistar ya de cerca la silueta, la fachada de lo que aparento ser.

Notaste la seguridad que da el primer acercamiento certero y la adrenalina de salir de tu zona de confor y pronto te diste cuenta de que no servirían de nada las etiquetas, que había mucho más por descubrir si navegabas en la dirección correcta: D3, G2, E5…

Movido por la curiosidad, empezaste a avanzar siguiendo una estrategia, eligiendo con cuidado e inteligencia las coordenadas.

B4, B5, B6. Primer Acorazado: escudo y disimulo de defectos, manías e imperfecciones.  Seguiste atravesando grandes extensiones de agua hasta poder dar con el segundo: B9, C9 y D9. Ahora si que empezábamos a conocernos de verdad. A ser amigos.

Noté tus ganas de seguir jugando, de batallar por alejarte de superficies de frases hechas y lugares comunes, de simples reflejos de colores en pantallas táctiles que con tanta facilidad llamamos ahora “amigos”.

G2, H2..I4, I5… Conociste mis gustos, mis pasiones e ilusiones en mis bien escondidos Patrulleros. No estaban a la vista, esperaban a un lado del tablero a la persona adecuada con quien compartirlos.

Tú navegabas imparable a toda máquina y con toda la flota armada de paciencia rumbo hacia mí.

Comprendiste, jugando juntos, que la única manera de ir conociendo a una persona y construir un vínculo auténtico era esa: navegando despacio, lejos de muros virtuales, estereotipos, caracteres limitados y fotos filtradas.

Mucho mejor con una buena conversación, un abrazo, unas risas compartidas en la cercanía de un espacio real y cercano. Aquí y ahora.

A1.. G8.. J9… al fin los encontraste: mis Submarinos, bien guardados en esa parte del corazón que uno lleva muy dentro

Ahora si. Ya éramos buenas amigos y, yo sabía, lo íbamos a ser siempre.

Tocada y hundida con toda la flota en un feliz viaje a las profundidades de la amistad y el carińo mutuo.

© Jugadora1

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