2017.

Hace casi un ańo desde que empecé este blog que tantos buenos ratos me hace pasar.

Muchas reflexiones, ideas, deseos, pensamientos, historias e ilusiones van pasando por aquí con cada nueva entrada.

He conocido, gracias a este blog, a muchas personas que escriben maravillosamente bien y es estupendo contar con las aportaciones de los que no escriben pero me leen y comentan: de todos aprendo pues a cada lectura o comentario mi juego se llena de nuevas fichas, de nuevas cartas que no conocía y nuevas casillas sobre las que seguir caminando cada día

¡Os deseo un muy Feliz Ańo 2017!

¡Sigamos jugando juntos!

Un abrazo,

© Jugadora1

¡Feliz, Feliz NaViraL!

Dentro de poco comienza la NaViraL y, con ella, sacamos el tablero para volver a jugar un juego cuyas reglas conocemos bien: llegan las comidas y cenas en familia, felicitaciones, anuncios, brindis, compras..

A mi, personalmente, me gustan estas fechas porque creo que, a pesar de la campaña de publicidad perfectamente orquestada a favor del consumismo, las luces y la música que la acompañan animan la llegada del invierno y los primeros fríos de Diciembre.

Pero no deja de ser el mayor Fenómeno Vira consensuado por todos que nos obliga, en mayor o menor medida, a bailar juntos al mismo son: el del dinero.

Y así, sin apenas darnos cuenta, acabamos corriendo por pasillos de centros comerciales en busca del regalo perfecto, creyéndonos Reyes Magos mientras actuamos como ovejas del rebaño de los pastorcillos. 

Y comemos los mismos días a la misma hora casi las mismas cosas, nos felicitamos utilizando las mismas frases establecidas para cada ocasión, escuchamos los villancicos de siempre y sacamos el mismo surtido de postres navideños en el que casi nadie repara antes del final de fiesta.

Nos dejamos invadir por una falsa sensación de alegría, gozo, derroche y comunidad a través del móvil y la televisión y nos convertimos, año tras año, en aquellos músicos que tocan en playback la misma partitura bajo la batuta del Dineroctor de nuestra vida.

Y, claramente, poco importan las variantes que podamos introducir: no importa si tomamos aceitunas en vez de uvas, pavo o langostinos, champán, sidra o cava, Papá Noel, Reyes Magos o ambos, etc. 

No importa porque, al final, todos hacemos las mismas cosas y seguimos las mismas reglas en este juego anual.

Como aquellos otros virales que, en forma de retos, nos convierten en marionetas capaces de hacer, bajo algún pretexto que consiga convertirlos en el viral de moda, cualquier cosa que se vea en Internet. Y nos sacan la carta de “tienes que echarse un cubo de agua por la cabeza”, o la de “Reúne un grupo de gente y juega a las estatuas mientras lo grabas”, ahora toca “Perseguir Pokémons por la ciudad”  y mañana “Hacer un Flashmob en la plaza central”, etc.

Por eso, esta NaViraL, yo seguiré otras nuevas reglas, las mías, para celebrar lo que significan para mi estas fechas: estar con mi familia y las personas que quiero, decorar mi casa para darle color a estos días de invierno, pasear por calles doblemente iluminadas y felicitar, desde el corazón, a aquellas personas que me importan, a mi manera, sin utilizar Felices NaViraLes.

Es motivo de felicidad pasar un año más juntos y que haya habido un día en que nuestras vidas se cruzaron, aunque sea a través de este blog y esta entrada, os deseo a todos que paséis un feliz día con vuestra familia y con esas maravillosas felices reglas que cada uno invente para este navideño juego.

Feliz, feliz NaViral.

© Jugadora1

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21 Black Friday Jack.

Antes, jugaba muy a menudo al Black Friday Jack.

Sobre todo en aquellos días de lluvia y frío que no apetecía salir a la calle y me rondaba por el cuerpo, desde la mańana, el estrés acumulado de la semana. No fallaba: una buena partidida y, casi instantáneamente, ya me sentía mejor.

Y lo mismo debieron pensar los demás compańeros de juego porque, especialmente los fines de semana, casi no se podía caminar entre tanta multitud de gente que, al igual que yo, buscaba olvidarse de sus problemas y calmar su ansiedad echando unas cuantas partidas un viernes o sábado por la tarde.

Porque allí, en aquellos centros de varias plantas llenas de tiendas con crupiers esperándonos, no existía el frío ni el cansancio.

Tú entrabas a echar un vistazo y, aunque no lo tuvieras en mente en un principio, hasta el mínimo detalle estaba pensado para invitarte a jugar, como mínimo, una partida rápida antes de salir de allí.

Y así hacía. Entraba en una tienda y, seducida por las luces y carteles de rebajas, preguntaba rápidamente por los descuentos aún disponibles.

Cuantos más descuentos, más posibilidades tenía de conseguir más cosas sin sobrepasar el límite del juego y ganar a la banca. Lo tenía todo calculado.

Primero, pedía la carta del bolso con el 15% de descuento. Después, me acercaba a otra mesa y pedía la carta del vestido de nochevieja rebajado un 10% y, de paso, una carta de esos zapatos de charol negros con un 30% menos.

Para terminar, una última mesa y alguna carta más que, aunque no tuviera descuento, no sé cómo me había convencido a mi misma de la necesidad de tenerla.

Antes de salir, a veces, se me antojaba algo para comer y, claro está, en aquellos centros de juego siempre encontrabas sitios para descansar eligiendo el menú a mitad de precio entre semana o, si era fin de semana, arriesgando un poco más,  pidiendo directamente la carta.

Para no perder, iba sumando mentalmente todos los valores que había ido gastando en cada carta pero, no sé cómo podía suceder que, cuando llegaba a casa y miraba el extracto de mi cuenta bancaria (la única forma de saber si habías ganado este juego), casi siempre acababa pasando del límite.

A veces rozándolo por poco (aquella carta del helado antes de irme..), otras veces y casi sin darme cuenta, con mucha distancia.

Como siempre, la banca ganaba.

Hasta que me cansé de jugar a este juego. De perder dinero, energías y tiempo cada fin de semana.

Decidí que no, no iba a caer en la trampa de pensar que yo sería más lista que ellos, que podría controlarlo bien y elegir solo las cartas más necesarias.

Aunque pareciera sencillo ganar. Aunque solo el hecho de conseguir unas cuantas cartas,  ya me hiciera sentir mejor. Aunque todo el mundo lo hiciera.

Tan solo, pensé, debía alejarme lo posible de aquellos centros. Y saber elegir bien mis cartas lo que, curiosamente, me hacía perder menos y acabar ganando mucho más de lo que podía imaginar.

Aquella carta de la llamada a mi familia, la del café con una amiga, la carta del mensaje cómplice a mi hermano, la de leer un buen libro por la mañana, la de salir a pasear el domingo y hacer fotos al paisaje o, una de mis preferidas, la carta del abrazo bien grande a todas las personas importantes de mi vida, sin límite de tiempo.

Y, como esas, muchas, muchas más a elegir. Lejos de rebajas, de descuentos, días de oro, sin IVA o viernes especiales.

Esta vez, por fin, me hallaba lejos de caer en la trampa y perder mi dinero y energías en el 21 Black Friday Jack.

Ahora no dejo que elijan por mi sino que, soy yo, la que elijo la carta de disfrutar de mi tiempo a mi manera, y el único As posible, el de la Felicidad.

© Jugadora1.


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Me gusta.

Me gustan las personas decididas y directas, que dicen lo que piensan con el respeto por delante.

Que comparten contigo cosas de su vida. Las que, tengan el físico que tengan, no caminan como si la vida fuera una pasarela y su apariencia garantía de algo.

Las personas que valoran los detalles, que saben dar el valor que tiene el carińo y el esfuerzo que hace otra persona dándonos su tiempo.

Me gustan las personas alegres que no esconden su alegría y no se sienten menos inteligentes o interesantes que aquellas de semblante serio y hablar pausado.

Me gustan las personas serias que no tienen un carácter especialmente alegre o hablador, pero eso no les hace menos especiales.

Me gusta la ternura, la dulzura y calidez en una sonrisa, una caricia, en una frase de aliento. Me gustan las personas que tienen miedo, que dudan, que se traban y equivocan, que tropiezan y se levantan.

Me gustan las imperfecciones y la naturalidad de las mismas, los que no buscan el ideal impuesto y son maravillosamente reales.

Me gustan las personas que no cuentan los cafés por favores sino por el placer de compartir.

Las que tienen curiosidad por aprender y cambiar a cada paso. Las personas coherentes que no son solo palabras, que defienden con su postura, su forma de ser y actuar, aquello que pregonan.

Me gustan las personas cariñosas, que te abrazan con la mirada y te sonríen con el corazón cuando están cerca.

Las que no creen que solo haya una forma de pensar o ver la vida, que respetan todas las opiniones y formas de vivir.

Me gusta la empatía y me me gustan las personas que demuestran tenerla, porque gracias a ella somos capaces de ver más allá, salir de nuestro mundo, comprender y ayudar a los demás.

Las personas que son educadas, que no han perdido esa forma de ir por la vida dando los buenos días y las gracias con una sonrisa. No cuesta tanto. No debería ser algo que se tenga que valorar en el día a día.

Me gustan las personas detallistas, que te sorprenden, que aportan una pincelada de color a tu día con un detalle que no esperabas.

Las personas que te escuchan de verdad y no solo para dar la réplica o con el piloto automático.

Que saben dar oportunidades, que no cierran la puerta al primer encontronazo, que no etiquetan a los demás y no vuelven a revisar sus propios prejuicios.

Me gustan las personas que saben nadar en las profundidades y no se quedan solo en la superficie. Las que saben tu nombre y recuerdan lo que les dijiste.

Las que no exteriorizan todo lo especiales que son, pero notas que lo son solo con mirarlas.

Me gustan las personas que dicen lo que sienten. Y que sienten de verdad lo que dicen.

Y me gusta intentar ser así, como las personas que me gustan.

© Jugadora1.

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