Busca la salida.

El otro día volví a enredarme. Empezó siendo apenas una delgada línea negra que dibujaba un camino a seguir lo que comenzó por llamarme la atención. 

Al fondo, al final del camino, brillaba una luz roja con un número dentro: mis notificaciones, había recibido 4 “Me gusta”, 3 “Me asombra” y 2 “Me encanta”. 

No pude evitarlo. Será solo un momento, me dije mientras entraba, como tantas otras veces, en aquel laberinto. 

Una vez dentro yo sabía que sería muy difícil salir, que cuanto más quieres encontrar la salida, más te enredas en caminos infinitos.

Todo empieza con una vibración, un parpadeo, una llamada a mirar, comentar, compartir, y acaban pasando las horas sin poder despegar mis ojos de todo lo que voy encontrando.

Y lo cierto es que aquellos pasillos de ida y vuelta me devolvían un reflejo de mi vida a ratos divertido, a ratos glamuroso o vibrante y, siempre, entretenidos. 

El problema solía llegar después, cuando debía buscar la salida y volver a mi vida fuera del juego. Si, ahí si me daba cuenta del tiempo perdido, de las personas cuyas voces no escuchaba, los abrazos y besos que mi piel echaba de menos o los maravillosos colores de este otoño, invisibles tras la pantalla.

Pero el otro día sentí algo distinto. Ya llevaba un buen rato cuando, de pronto y por primera vez, fui plenamente consciente de que no conseguía encontrarme en ninguno de aquellos brillantes caminos.

Y una línea imaginaria, como si de un lápiz se tratara, dibujó una salida en carboncillo hacia un camino muy largo. 

Después de un rato caminando por aquel pasillo lleno de luces, colores, reclamos y sonidos, me di cuenta. 

Cuanto menos las miraba, más se agrandaba el camino y más cerca estaba de encontrar una salida real a mi vida.

Y así llegué. Y se dibujó una línea que cruzaba ambos mundos. Puse un pie fuera, sin mirar atrás, y sentí cómo se desconectaba el laberinto en espera de ser nuevamente activado.

Pude ver los colores del paisaje de mi vida, tal cual son. Sin filtros ni enfoques. Tal como es mi vida. Y podía oler la lluvia, mirar a los ojos y escuchar las voces de la gente, sentir el viento en mi cara y un camino, infinito, justo delante de mi, lleno de posibilidades. 

 Ya tenía un pie y medio cuerpo fuera y, justamente, estaba levantando el otro pie,  cuando lo noté: un leve parpadeo, una vibración y un mensaje claro tras el cristal: tenía varios comentarios sin leer y una llamada perdida. 

No pude evitarlo. Será solo un momento, me dije sin apenas convicción, mientras mis ojos miraban dentro y todo mi cuerpo volvía a poner todos sus sentidos en aquel tentador juego. 

Y es así como el otro día volví a enredarme en este laberinto del que, nuevamente, más adelante, en un rato, cuando pueda, buscaré la salida. 

© Jugadora1.

Safe Creative #1607220241559

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2 Replies to “Busca la salida.”

  1. Me temo que este juego ha llegado para quedarse. De hecho lo veo todos los días en reuniones donde la mayoría están jugando a este juego. Como siempre una entrada llena de razón. Un abrazo.

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    1. Gracias Jugadorsolitario! Es una contradicción diaria, el equilibrio entre no dejar de jugar y a la vez disfrutar de todo lo que la vida real nos está ofreciendo en el presente. Gracias! Un abrazo!

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