Resprisado.

He cogido un ResPrisado. Sí, el virus de la Prisa me ha vuelto a pillar desprevenida y confiada tras las vacaciones y me ha atacado nada más llegar Septiembre.

Y eso que este verano, nuevamente, me había creído inmune. Estar allí, acumulando horas de sol, playa y descanso consentido me habían hecho creer, erróneamente, que esta vez sería diferente, que no notaría apenas los síntomas.

Pero sí que los he sentido, vaya que sí.

Todo empezó con un leve hormigueo al volver a la calle del mercado para llenar el frigorífico de vuelta. En ese momento, aún, no notaba la prisa por ser atendida rápidamente, el virus de la inmediatez no había hecho acto de presencia y hasta me sentía fluir como entre las aún presentes olas entre empujones y gente intentando colarse.

Más tarde, cuando empecé a trabajar, los primeros días podía recordar fácilmente la Brisa del paseo marítimo con solo bajar la ventanilla del coche y poner música suave. Dos atascos más tarde, no escuchaba apenas nada, solo quería llegar Ya. El virus de la Prisa amenazaba con quedarse en el lugar donde había estado la B durante el último mes.

Pero el momento en que noté todos los síntomas definitivamente fue con el primer madrugón.

A pesar de haber acumulado tantos y tantos puntos extra de Paciencia y Sabiduría en Agosto con aquellos atardeceres junto al mar, relajantes paseos, buenas comidas y baños infinitos en el tiempo, notaba cómo iban bajando mis defensas a cada gesto: apagar la alarma, menos 5; esperar al autobús, menos 10; el primer vistazo a la agenda hasta final de año, menos 20.

Todos nos hemos ido contagiando casi sin querer este Resprisado y ahora, de forma casi inconsciente, ya llevamos el virus dentro. Con él, llegan las ganas por terminar, por entregar, llamar antes que nadie, ser los primeros en, prepararlo todo antes de..

Y eso que, los primeros días, pensé que se trataba de una pequeña reacción a la que yo creía que era mi vacuna definitiva: mis vacaciones. Que duraría solo unos días y pronto volvería a sentirme más segura, sabia y relajada.

Me imaginaba a mí misma portada y ejemplo de todo artículo de consejos para afrontar Septiembre con buena cara.

Fluiría por la vuelta a la rutina sin perder la serenidad y alegría, haciendo cada día lo que me gusta, feliz por reencontrarme con mi vida, con ganas de empezar colecciones de barcos, cuencos tibetanos, carros de combate en miniatura y libros sobre filosofía, aprender cocina, baile, a tocar un instrumento y volver al gimnasio.

Pero no. El mismo desayuno que tomaba en la playa, no sabe igual en mi cocina a punto de comenzar la jornada. La ropa que parecía feliz con la humedad, se resiste aquí a ser planchada y los hits del verano no quieren sonar en la radio del trayecto de vuelta a casa y, en su lugar, solo se oyen voces hablando de la vuelta al cole.

Es innegable. Estamos contagiados.

Estamos todos Resprisados en Septiembre y nadie ha encontrado, en sus vacaciones, una vacuna definitiva.

Conozco, no obstante, una forma de llevarlo bien: mantener la R. Si la B de la Brisa se va, aún nos queda la Risa para Relajarnos y Relativizar todo lo que nos preocupa. Si la P de la Prisa nos come tiempo y energías podemos Respirar profundamente, Recordar las muchas Razones que tenemos para ser felices y Recobrar así la energía e ilusión.

Que llegarán. Siempre lo hacen. Aunque para ello haya que pasar los primeros días de Septiembre un poco agobiado, un poco Resprisado.

© Jugadora1.

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