Operamor

Encontrar un amor que te acompañe durante toda la partida requiere de un poco de suerte, algo de azar y cierta destreza al elegir a la persona adecuada.

Con cada jugada, uno aprende a mantener un pulso estable entre el corazón y la razón y, aunque pueda costar después de varios juegos sin ganar, tener siempre abierta la puerta a nuevas experiencias.

Coger otra vez con ganas el bisturí para diseccionar y poner sobre la mesa nuevamente todas las piezas del puzzle de nuestra vida.

Busca aquella persona que las sepa ver y manejar con cuidado, sin prisa, que te acompañe más allá de dos o tres buenas jugadas, que continúe a tu lado cuando las cartas no sean tan buenas, pierdan su color, o cuando los dados no nos hagan avanzar tan rápido como quisiéramos.

Que lentamente, con mimo, nos recomponga aquel Corazón Destrozado tras diversos desengaños que nos hizo llegar cual Caballo Renqueante al final del juego casi sin comodines.

No escuches a las Mariposas Juguetonas del principio, ellas nunca vuelan más allá de las primeras casillas. No cojas la carta de la Manzana de Adán (o de Eva) demasiado rápido, date tu tiempo para conocerle bien y mejor lleva contigo una Cesta para el Hambre, que las ganas de comer nunca son buenas consejeras para el amor duradero.

Saca brillo al Hueso Elástico de la flexibilidad, abre tu mente a nuevas opiniones, nuevos prototipos.

Sacude bien fuerte tus dados de ganar o perder puntos, tus listas de cualidades preconcebidas e ideales y conoce bien despacio todas sus imperfecciones.

Si consigue que te duelan los Chuletones de la Risa y saca de ti ese Hueso Eléctrico de la Alegría como ninguna otra persona, vas por buen camino.

Observa. Mira. Comunícate mucho y escucha más. Tómate tu tiempo para conocer cada pieza, para ver cómo van encajando manteniendo un equilibrio entre la emoción del momento y saber lo que quieres sin que se te encienda la luz roja de peligro.

Sabrás así que valió la pena dejar todas tus piezas sobre el tablero. Que la operación fue exitosa, que este juego de tiempos lentos y ojos bien abiertos se aprende mejor a cada jugada.

Y, finalmente, encontrarás tu Hueso de la Fortuna, ese que te acompañará toda la partida con algo de suerte, un poco de azar y mucha destreza operando, jugando al Operamor.

© Jugadora1.

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