A contratiempo.

Tiempo de mirar, de buscar la llamada, la alarma, la seńal de tu llegada.

Tiempo de agachar la cabeza, mirar de soslayo mientras busco, leo, escribo y pienso en lo que estás tardando en llegar.

Tiempo de no pensar en nada concreto y pensar en todo lo que ves sin asimilar nada. 

Tiempo de rapidez, de notificaciones unas sobre otras, de no terminar de escribir una cosa y estar leyendo otra que acaba de llegar.

Tiempo de no ver más allá de lo que quieren que veamos, de teclear sin pensar, de borrar poco y enviar mucho sin casi discriminación. 

Tiempo de vestir nuestras mejores galas pase lo que pase, de no sentir más allá de lo permitido, del barniz y el filtro brillante.

Tiempo de mostrar cada paso, de callar lo auténtico y adorar lo superficial.

Tiempo de no tener tiempo para nada y perder tiempo en todo menos en dedicar tu tiempo a tu vida real. 

Tiempo de ir en contra, de hablar más y chatear menos. Tiempo de mirarse, tocarse, escucharse y volverse a ver. 

Tiempo de esperar un tiempo y entrar justo después, ya empezado el juego, para coger la baraja de tus días, para pensar la mejor jugada con calma, ajeno a la urgencia, atendiendo a lo importante.

Tiempo de recuperar tu tiempo, de respirar y darle valor a cada paso. De vivir tu vida activando el resto de sentidos, agazapados e inutilizados tras la reina vista y el rey oído. 

Tiempo de vivir, de reir, sentir.. de ir, siempre, a contratiempo. 

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In-móviles.

¡Hola Lucía!, ¡Cuánto tiempo sin vernos!. ¿Nos sentamos allí? He visto anunciado en Facebook este sitio y dicen que está genial. Bueno, cuéntame: ¿cómo estás?, ¿cómo te encuentras?

– Bien, aunque algo cansada. ¿Te conté por el wasap lo de la semana pasada en el trabajo?

No, pude ver tus fotos de la cena con tus compañeros, ¡todos guapísimos!

.. ¡Gracias! ¿Y no viste la de Instagram? Estuvimos en el bar de enfrente y fue genial todo.

– No la he visto, ¡luego la miro!. Bueno ¿qué pasó?

– Nada, un cliente que quería ver todas las muestras posibles de corbatas y yo ahí de pie……

(Creo que me ha llegado el mensaje de Rober, luego lo miro. Mejor, me voy al bańo en breve y lo miro allí)

….. y, eso, que era la hora de irme y mi jefe echándome una mirada de esas de “no te mueves hasta que yo lo diga”…

– ¡Qué faena! ¿Y qué hiciste?- (otro mensaje, parece que tiene ganas de verme. Luego le contesto.. acabo de acordarme que no compré la crema solar en la farmacia y mańana voy a la 🏊‍♀️Si termino antes de las ocho igual me da tiempo..)

-…. y eso le dije. Así. Sin más. ¿Qué te parece?..

– (A ver si cuela porque con todo el jaleo que tengo ni la he escuchado) Tú eres siempre muy valiente, Conchi, has hecho muy bien. Oye, perdóname, voy un momento al bańo.

… Ah, vale. Está ahí al fondo..

– ¡Ahora vengo! –

… nada, tú tranquila.. (cómo está hoy el chat, ¡78 mensajes desde que me senté!.. a ver: “chicos, estoy con una amiga, ya veo que lo pasáis muy bien.. ¡luego os cuento lo de ayer! 😘😘😘“.. )

– Ya estoy, ¿qué me contabas? (A ver si Rober me deja en paz un ratito con lo que le he dicho..)

…Nada, lo del cliente pesado. Oye, ¿y tú?, ¿cómo va el tema de tu madre?..

– Mejor. Ya la tenemos en casa y ya podemos empezar a respirar un poco. Mańana me voy a la piscina a despejarme un rato, que lo necesito porque….

… (siempre está con el tema de su madre, cómo lo exagera todo. Yo si que he tenido que tirar adelante prácticamente sola, y con menos recursos. A la piscina que vas, yo no tengo tiempo ni para eso con tanto trabajo…)

– … y creo que le vendrá bien tomarlo.

… Claro que sí. Te va a venir fenomenal la piscina mañana. Ay, perdona, me llama mi cuñada que se ha quedado con los pekes.. ¿hola?, ¿qué pasa, va todo bien?, ¿se ha tomado la merienda?…

– (Qué pesada se pone Lucía con sus hujos. No puede ni tener una conversación normal sin estar pendiente del móvil.. que si, que te ha merendado bien y no le ha pasado nada desde los últimos diez minutos que miraste el móvil.. a ver si cuelga ya..)

… – vale, pero no la dejes comer chocolate y al hermano que se acueste pronto, que ayer no paró. Gracias, un besito- . Perdona, es que no está acostumbrada a quedarse con ellos..

– ¡Nada! Lo importante es que estén bien y tú tranquila.

… ¿qué me contabas? ¿Tu madre?

– ¡Ah, si! Que ya va mejor, con ese tratamiento nuevo. Ay, perdona, pero se me ha olvidado preparar lo de manana y tengo mil cosas pendientes, voy a mandarle un wasap a Javi para decirle que me deje preparada la bolsa que si no se lo digo yo.. ¡ya sabes cómo son!

… ¡Qué me vas a contar a mi! Aprovecho para escribir yo al mío, que le de una vuelta a mi cuńada, que no me fío de ninguno jaja!

………

– Oye, mira, me estoy agobiando con el tema de mañana, sin tener preparadas las cosas para irnos, y salimos nada más salir del trabajo, ¿te parece que nos tomemos un ☕️la semana que viene y estamos más relajadas?-

… ¡Tranquila, lo entiendo! A ver si consigo que se queden con mi madre y estoy más libre que vaya tardecita.. oye, ¡ha sido genial verte! Venga, ¡hagámosno un selfie juntas!

😊📸🌟

– ¡Si, tenía muchas ganas! ¡Qué chula, ha salido genial! Hablamos para el próximo finde, ¿vale?

—- ¡Claro que si!, ¡buen día de piscina mañana! ….

– ¡Gracias! ¡Ánimo con los pekes! Dale un beso a Javi de mi parte!

… ¡Lo haré! ¡Hasta luego! …

– ¡Chao! –

…….

– “Rober, ya estoy disponible, venga, vale, tengo un rato para un café rápido en el bar de la plaza 😉. Paso por la farmacia antes y allí nos vemos”-

…. “Chicos, ya estoy con vosotros, ¡qué pasada el vídeo de los mejores memes!

😂😂 Lo reenvío al chat del pádel, ¡les va a encantar!”…

…….

– “Como siempre, guapísima, un placer quedar con mi amiga Conchi (Subir Foto)😘👏👏

…. ¡Me gusta!👍 “El placer es mío, qué bien lo pasamos siempre juntas, guapa, ¡hasta la próxima”…

– “¡Me encanta!”- ❤️

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Lugares comunes.

Nuevo día, nueva oportunidad de reinventar tu vida. De probar nuevas formas, nuevos caminos.

Abre tu mente, busca el camino más largo, la respuesta más alejada del “bien”, “bueno” o el “ahí estamos”.

Apaga el piloto automático y agarra con fuerza los mandos de tu día a día.

Configura otras alternativas al “me gusta”, “mola”, “está guay”. Seguro que se te ocurren nuevas formas de expresar lo que sientes, lo que piensas.

Solo necesitas intentarlo, pararte unos segundos antes de darle al botón azul o al corazón rojo y escribir desde dentro. No más “estás guapísima”, “un besazo”, o “me encanta”. 

Busca otras maneras, pinta de otros colores tu vida y prueba a combinarlos de distintas formas.

Aléjate de estereotipos, de supersticiones y celebraciones populares y crea las tuyas propias. No todo es llegar y “besar el santo”, si madrugas “Dios te ayuda”, tirando la moneda en la fuente llegará el amor y si tocas el pie de David Hume antes de un examen te hará aprobarlo. 

Lo sé. Pensar requiere más  esfuerzo, más tiempo, más energías. Y no tienes muchas cuando vas de un lado a otro, trabajando, estudiando, comprando.. en esos trayectos y esas rutinas solo hay espacio para la inmediatez, la carga del vídeo instantánea, el Whatsapp a tres bandas llenos de emoticonos, para el Me gusta y el RT casi indiscriminado y el resumen de los 10 principales hashtag del día.

Subimos la foto del momento feliz y gastamos tiempo en ponerle el mejor filtro o pensar en un comentario ingenioso y no lo utilizamos en ser originales de verdad, ser auténticos en nuestro cariño y nuestra realidad. Mostrar poco, filtrar menos y valorar más con el corazón a las personas.

Reinventa tu día, añade nuevas reglas a tu juego, nuevas fichas y movimientos.

No elijas moverte por las casillas de moda, por ahí siempre irás más “despacito”, cuando puedes tirar los dados con fuerza y hacer funcionar tu cerebro al máximo en todos los ámbitos.

Escribe, buscar nuevas canciones que escuchar, nuevas formas de contestar, de comentar, de hablar. Da un salto desde el centro del tablero, donde van a parar todos los jugadores cuando no saben cómo moverse: ese “no, lo siguiente”, “vale”, “ok”, “hablamos”, “ya nos veremos”, “tenemos que quedar”… y marca tú las directrices y dimensiones de tu nueva casilla, aquella de la cual solo sale o entra lo que tú elijas que para ti, no lo que otros te impongan porque todo el mundo lo haga o diga así.

Pasea por las afueras de la ciudad en navidad, evita los centros comerciales en rebajas, no regales cosas materiales en el día de la madre, del padre, de los enamorados, hazlo otro día y de verdad, porque te apetece. 

Olvida los “nos tomamos unas cañas”, “me debes un café”, “al mal tiempo buena cara” y “no hay mal que por bien no venga”. Cámbialo por otras frases, otras formas de quedar con tus amigos, de sentirte bien, de vivir.

No hagas un remake de la vida de los demás. Tú tienes la tuya propia. Con sus luces y sus sombras sin filtrar, con los caminos que eliges y otros que dejaste atrás, con lo que realmente te gusta y lo que no. No copies lo que hacen otros, no cuentes seguidores ni parpadeos en el móvil, cuenta cada instante de tu vida, cuenta cada momento que decides ser tú y llevar tu propio rumbo.

Construye, arma y desarma a tu antojo. Deja el móvil más cerrado y tu mente más abierta.

Es fácil. Solo tienes que abrir bien el tablero, pararte a pensar qué es lo que realmente te gusta y quieres hacer con tu vida y dibujar nuevas casillas de las que salir, a las que llegar.

Aparta ese cubilete en forma de móvil o televisión y tira tus dados de nuevo con fuerza desde tus pensamientos, tus deseos y tu corazón, evitando caer en aquellos lugares donde acaba la creatividad y comienza la rutina, donde van a parar todos por inercia, por puro cansancio o porque no saben cómo salir de ellos.

Crea tu propio camino, píntalo a tu gusto y lleva a tu mente a vivir a las afueras, bien lejos de los lugares comunes.

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Viajar para no Viejar.

Vieja y Viaje tienen un solo cambio en su camino: la Edad que se impone a cada ańo se desplaza al final para convertirse en nuevas Experiencias por vivir y la Ańoranza del pasado se mueve dos letras por delante en busca de Aventuras. 

Viajar es un lanzamiento de dados con el cubilete lleno de ganas por agitar nuestro micromundo de jugadas rutinarias y sacar seises de aire limpio y bellos atatdeceres.

Porque cuando viajamos, estamos en constante confrontación con nosotros, con nuestro mundo más cercano y costumbres aprendidas. Nuestra vida hasta ese momento, cabe en una maleta de recuerdos que parecen revelarse y mostrarse a cada paso.

En un solo gesto (respirando en la montańa, en cualquier playa observando el mar, cerveza en mano en aquella taberna de la plaza del Ayuntamiento..) podemos sentir cómo sumamos puntos de sabiduría y ganas de vivir en menos de veinticuatro horas de viaje.

 Mantener esta sensación cuando volvemos del viaje es un nuevo juego, un reto que nos depara, inevitable, la vuelta a nuestras vidas. 

Porque todo viaje se compone de tres en realidad: el que deseamos hacer, imaginamos y organizamos en nuestra mente, en las búsquedas de destinos, lugares con encanto, listas de cosas imprescindibles por ver, etc; 

El segundo, el viaje en si mismo. Los dados que giran, las casillas que recorremos, la gente, los paisajes, formas de vida, de respirar; y, por último, el tercer viaje que no es menos importante: el recuerdo. Todo lo que rememoramos, las anécdotas, el sabor de aquella playa pegado a nuestra piel, la alegría de la gente de aquel pueblo agarrado a nuestro corazón, las historias detrás de cada piedra, muralla y puerta que abrieron nuestra mente.

Viajar nos agranda la empatía y las gafas con que etiquetamos el mundo y a los demás. Nuestro mundo de alegrías o preocupaciones diarias, de la casa al trabajo y del cine a las cańas se hace pequeńo, como lo somos nosotros al murarnos en el espejo del mundo donde vivimos.

Y, aunque siempre hay mucho más allá por descubrir de lo que imaginamos, realmente no hace falta irse lejos. Basta con salir de la “comarca” y conocer otros pueblos, otras ciudades. Ni siquiera es preciso irse a otro país, en el tuyo propio encuentras una heterogeneidad tan grande de costumbres, gentes, sabores y formas de vivir que cualquier paso más allá de nuestra cotidianeidad ya es un gran aprendizaje.

Y, un secreto: cuantas más veces tiramos los dados y sumamos casillas lejos de “casa”, menos arrugas salen en nuestro corazón, porque sacudimos las rutinas, aireamos nuestra edad mental y dejamos simplemente de Viejar día tras día haciendo casi las mismas cosas. 

Levántate. Sin miedos. Sin excusas. Camina. Abre bien los ojos. Aprovecha cada día que puedas y prepárate a conocer nuevos lugares, escuchar y aprender de tras personas, probar nuevas experiencias y, lo más importante, a Viajar para no Viejar antes de tiempo. 

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La mirada Canela.

La mirada Canela la llevo conmigo desde hace muchos ańos. 

Te despiertas un día y te das cuenta que no eres la misma persona, que ves la vida  con otro color: el de haber vivido una situación especial en tu vida que marcaría un antes y un después.

Un cambio, un tsunami, un terremoto que llegó a tu vida y lo dejó todo patas arriba, para luego ir recomponiendo poco a poco el puzzle de tu vida nuevamente. 

Y la tormenta te cambió de golpe de casilla: quizás volvieras a empezar de nuevo, quizás tuviste que saltarte varias rondas hasta conseguir nuevas cartas y volver al juego, quizás estuvieras esperando ese ansiado cinco para volver a salir. 

Porque no importa la edad, no importa lo que escuches, leas o creas saber del mundo hasta ese momento. Tú no eliges tenerla, no la creas, no puedes fingirla ni imaginarla. 

Simplemente llega. Un día. Para siempre. 

Y, como a los postres, te da otra textura, otro sabor que no habías probado nunca. 

Sin darte cuenta, sin que puedas impedirlo, tu piel huele distinta y  desprendes un olor a sabiduría y coraje que llega desde lo más profundo.

Y miras distinto. Escuchas distinto. Amas de forma diferente. Porque sabes que lo más importante, lo único importante, es aquello que tu nueva mirada te muestra con el color de las cosas que de verdad importan.

También me gustan las miradas azules limpias e inocentes de los que nunca subieron a ver la vida desde el faro de los vientos. 

Me gusta rodearme de estas miradas porque, al mirarnos, ellos valoran el coraje detrás de nuestro corazón en calma y nosotros nadamos relajados en sus aguas trasparentes. 

Pero, sobre todo, me encanta rodearme de otras miradas Canela. Nos reconocemos rápidamente, nos sentimos hermanos en nuestro mirar, nuestra vitalidad y pasión por la vida, en nuestra cálida sonrisa tras las cicatrices. 

Porque no importa lo que yo te cuente. No importa lo que hayas creido. Cuando la tienes, lo sabes. 

 Y te descubres a ti mismo saboreando los paisajes, los colores, los momentos de cada día, cada sonrisa y cada abrazo. 

Simplemente un día llega. Y ves la vida con otro color. Con tu mirada Canela. Para siempre.

 © Jugadora1.

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Tú la llevas.

La prisa. La queja. La angustia, la nube gris que acecha.  

No puedo escucharte más tiempo, no puedo pintar de gris mi día con el humo de tu pesadumbre. Lo sé, la vida duele y nunca descansa, pero tu queja es constante y mi energía se hace más pequeña conforme tu visión negativa crece.

Permíteme no seguirte el juego, no entrar en la Comba de las Molestias y Achaques perennes. Déjame ayudarte a coger las riendas y ser tú la que mueves la cuerda y diriges tu vida: en positivo, manteniendo el ánimo arriado y fuerte, a prueba de tempestades. 

La envidia. La desconfianza. El descontento. La rabia.

No quiero envidiar lo que no tengo, desear ser más que los demás. No desconfío de casi todo y me contento con casi nada. No vivo mi vida pensando qué dirán o qué tendrán que yo no tengo.

Permíteme no entrar en el juego de Contar Mentiras, de hacer trampas y aparentar lo que no soy. 

La pasividad. La indiferencia. La falta de empatía y educación. 

No quiero perder mis valores, los que mis padres me enseńaron, y seguir dando los buenos días, las gracias y dando la importancia que tiene al tiempo de los demás, a los detalles. Quiero respetar todas las opciones posibles, la forma de vivir y de ser feliz sin seguir unas reglas del juego preestablecidas. 

Permíteme moverme, ayudar, escuchar y dejar de jugar a las Estatuas con el resto del mundo , sin permanecer inmóvil e indiferente cuando alguien sufre o pasa un mal momento. Utilizar la empatía para escuchar más y hablar menos, para construir juntos nuevas relaciones. 

No me persigas más. Estoy en cruci, en pausa. Parada para respirar hondo y saber disfrutar de cada momento. 

No jugaré a este juego de indiferencia, envidia y quejas, aunque la llevéis todos menos yo, aunque si no entro nadie quiera jugar conmigo. No me importa.

 Tú la llevas. 

 © Jugadora1.

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Peón a Reina.

Sigue, no te detengas.

No escuches las voces que te insinúan que no serás capaz. Que eres un simple Peón. Que no puedes avanzar más que a pequeños pasos. Uno. Otro. Otro más.

No hagas caso de los caballeros que vienen hacia ti, en su caballo, avanzando con rapidez y eLegancia hacia todo lo que consideran un peligro. Ellos, que nacieron en grandes casas y fortunas tan interminables como sus regios apellidos, huelen todo lo que pueda ocasionarles una pérdida de poder o de estatus y son los primeros en acudir a eliminarlo.

Vosotros, los peones, les dais mucho más miedo del que nunca admitirán. A ellos y a otros caballeros también poderosos que, sin haber nacido en grandes casas, consiguieron escalar y subir a lo más alto con chantajes y prebendas, gracias a poderosos amigos y favores. Desde lo más alto de la más alta Torre, observan cual vigías en busca de algún iceberg escondido tras un aparentemente insignificante peón que pueda hacerles naufragar de su vida de lujos y comodidades.

Ellos también intentarán que el desánimo os gane la batalla y, desde esas altas esferas, manejarán todos los hilos posibles para que vosotros, los Peones, sigáis siendo siempre eso: pequeñas piezas en el juego de la vida.

Los Alfiles, guardianes del tablero, velarán porque todo permanezca igual. El Rey la Reina en su lugar, altamente protegidos, los grandes caballeros y los poderosos en sus Torres y, abajo, en primera fila de batalla diaria, de lucha por la supervivencia, el resto de Peones.

Se moverán con gracia y rapidez, tomando la diagonal ahí donde vean que pueden perder alguna pieza importante. Y seguirán diciéndote que no puedes, que no lo intentes siquiera: -¿Acaso no ves lo pequeño que eres?, ¿dónde está tu caballo?, ¿dónde tu torre? – te dirán – tranquilo pequeño Peón, se feliz en tu pequeño mundo y muévete despacio, así, sin alcanzarnos.

También te encontrarás en tu camino con otros Peones envidiosos de tu avance en el tablero. Muchos unirán fuerzas con los caballeros y los alfiles para que no seas tú quién consiga aquello que más ansían, poniéndose delante de ti para cerrarte el paso.

No pueden ni quieren ver a un Peón como ellos que lo ha conseguido.

De ninguna manera. Prefieren que todo siga igual. Y juntarse de vez en cuando para quejarse de sus pequeños pasos, de los grandes y poderosos que no les dejan avanzar, el tablero que no cambiará nunca y el juego que “es así y así será”.

Pero te contaré un secreto: si no haces caso a ninguno de ellos, ni a grandes ni a pequeños, y sigues tu camino, paso a paso, por pequeña que pueda parecer cada pisada dejará su huella e irá formando nuevos caminos.

Y finalmente, si defiendes a cada casilla tu forma de ser, todo lo que quieres ser y lograr en tu vida, llegarás al final del tablero y te habrás convertido en la dueña de tus decisiones y tu felicidad diaria y no habrá pieza alguna que pueda cambiarlo.

Como Reina de tu vida,  podrás elegir tus movimientos libremente. Y, es cierto, habrá cosas que no puedas lograr, que estén fuera de tu alcance o, simplemente, no sean para ti. Pero haber luchado por lo que quieres ser y hacer te dará una libertad y una fuerza imparable.

De Peón a Reina en el ajedrez de tu vida.

Y sigue, no te detengas.

 © Jugadora1.


 

 
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